Empecé a tocar la guitarra hace unos nueve años. Antes sabía algunos acordes que me servían para hacer canciones. Siempre he sido autodidacta, un músico sin oído pero con facilidad para componer. Se me ocurre una melodía a la que pongo letra, una palabra que, deformándola, estirándola o contrayéndola, se convierte en canción, o un riff que evoluciona a un tema completo. Pero no sé música. Hasta hace poco, para mí, una tónica era eso que se le echa a la ginebra, una escala lo que sirve para subir a los barcos y una dominante… bueno, una dominante pertenecía al mundo de mis sueños más lúbricos.
La música me ha condenado al infierno, pero me ha salvado la vida. Llevo nueve años formando y deshaciendo bandas y tocando en donde puedo. La creación de “La Taberna” ha dado un giro a mi vida y me ha obligado a aprender algo de música.
Un día le conté a Quique1 la idea. Entonces la cosa no estaba muy clara: un bar de perdedores y una banda tocando blues. Era incapaz de sacar todos los acordes y Quique me los escribió en un papel. ¡Ah coño, era esto! Los cuatro primeros compases son dos acordes y no uno como yo creía.
El primer día que entré en La Taberna tenía claro que tipo de música sonaba allí: Howlin’ Wolf, Robert Johnson, Sonny Boy… Nunca he sido consciente de estar escuchando blues y mira que he oído música basada en el blues: Algo del Delta a través de los Stones y Clapton, que me llevaron a Johnson, Hooker, Waters, Sonny Boy… y bastante de la visón británica del blues: Led Zeppelin, Deep Purple, Cream, Jimmy Hendrix (sí, como lo estás oyendo; Jimmy empezó su leyenda en UK con una banda inglesa), y algo americano: Hot Tuna, Creedence Clearwater Revival, David Crosby, Allman Bros y recuerdo, entre brumas, varios seminarios sobre Grateful Dead a los que asistí allá por el 76.
El relato al que corresponde Smoke Hidden Woman está basado en un hecho real: un concierto que dimos y una rubia con la que crucé unas miradas y que cuando volví a la barra ya no estaba. Nada del otro jueves, cuando subes a un escenario, por muy cutre que sea, siempre hay tías que te miran con morbo. Y ésta estaba buena…
Ya se ha dicho aquí como esta historia fue el germen de los cuentos de La Taberna del Escocés. De la canción poco hay que decir. Fue la más fácil de hacer pues yo mismo escribí el relato, aunque el relato final ha pasado por Pat, Chema y Kike que lo han mejorado, ventajas de la creación colectiva. Con los doce compases de aquel papel sólo tuve que poner acordes y tocarlo al viejo estilo. La idea original era con una acústica y una banda básica. Algunas canciones de Howlin’ Wolf son así. La compuse en E (E7, A7 B7), luego con la banda al completo se transportó a A (A7 D7 E7) porque Tom estaba más cómodo cantándola y se electrificó más y se aceleró dándole un estilo más “crooner”.
El interludio está inspirado en el de “Yer Blues” (una canción de Lennon del Álbum Blanco). También hay una versión muy interesante en Rock and Roll Circus de los Stones interpretado por Dirty Mac (Lennon y Clapton a las guitarras, Keith Richards al bajo y Mitch Mitchell a la batería, toda una joyita). Aunque este tipo de interludios son muy habituales en el blues antiguo.
La canción se desarrolla con la guitarra solista (Vali) soleando todo el rato, algo muy típico del Delta Blues, y más adelante se introdujeron unos cortes para hacer énfasis en unas palabras (One more shot!) del final de la canción. Una idea que, creo recordar, tuvo Mariana.
Esta canción sirvió para probar a Vali cuando entró en la banda. En este vídeo, hecho por mi hijo de once años, podéis ver el día de la prueba. En el vídeo se observa como Varian le dice a Vali que su solo es una vuelta más.
En cuanto a la letra se centra más en la historia del guitarrista al que le toca cantar un día en que su cantante no estaba. Esto fue real, era un concierto de The Homeless Bones y Carlos estaba en Almería. Yo había invitado a algunos bloggers al concierto -muchos de ellos forman parte de este proyecto-, nada que ver con un intento de revuelta, y me preocupaba quedar mal. Canto como las cabras, aunque hay gente que me dice que le gusta.
Al final no vino nadie de los convocados, en el bar había cuatro gatos… y la rubia aquella, que no he vuelto a ver.
- ¡Un músico sin oído! ¡Hay que joderse!
- Anda, Escocés, ponme una pinta. Esta historia me ha dado sed.
- Toma, invita la casa. A fin de cuentas te debo mi existencia.
- Si tuvieses que agradecérselo con pintas a todos los que te han hecho posible te arruinabas.
- No me importa- dijo Danny- tengo toda una eternidad por delante para recuperarme.
(1) Enrique Guinea: guitarrista de The Homeless Bones. Ahora toca el bajo con Músicos para la Farándula y el Espectáculo (MFE).
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El frío se había instalado en su estómago, y le obligaba a caminar con largas zancadas para impedir que se abriese paso hacia su cerebro. Mientras subía la calle, Marcus maldecía el momento que había elegido su cantante para desaparecer.












