Hace muchos años yo solía pasar mis noches de juerga en un el mismo bar de copas. No era un gran bar, pero ponían buena música y quizá fuera porque hacían la vista gorda y la gente fumaba cosas ligeramente ilegales, pero lo cierto es que se estaba bien allí. Podría decirse que era La Taberna del Escocés, aunque el nombre del garito no era tan sofisticado. Al otro lado de la barra había una camarera, llamada Virginia, que era la gran responsable de que fuéramos allí cada noche. No me malinterpretéis. No estoy diciendo que fuera guapa, que lo era, ni que tuviera la sonrisa más luminosa y bonita que había visto hasta entonces, que la tenía. Tampoco he destacado su cuerpo femenino y voluptuoso, su cuello largo, ni esas orejitas pequeñitas en las que susurrarle palabras llenas de eses. Eso ni lo menciono. Y paso por alto el detalle de que nunca se maquillaba y, aún así, era la más atractiva del local, incluso tras muchas horas de trabajo. Esas cosas apenas si aportan información.
Lo que hacía sobresalir a Virginia sobre las demás camareras que pululaban por el universo de bares de copas, era otra cosa: siempre sonreía. Daba igual que fueran las nueve de la noche o las seis de la mañana. Daba igual que se hubiera pasado toda la noche de pie sirviendo copas, quitándose babosos de encima o fregando vasos. Siempre que uno se acercaba a la barra para pedirle una cerveza, ella sonreía. Y quizá esa sonrisa de oreja a oreja nos hacía sentir especiales. Parecía que de verdad se alegrara de ponernos esa cerveza. Supongo que estábamos secretamente enamorados de ella. Algo platónico, por supuesto. Ella era perfecta y quedaba claro que la perfección era inalcanzable para el parroquiano medio de ese bar.
Una Taberna con solera no es nada si no tiene una camarera. Y La Taberna del Escocés no podría pasar a la historia sin una camarera con carisma. Rose tiene ese carisma.
“En el principio de La Taberna fue Rose. Dos tetas perfectas. Y el Escocés vio que era bueno”
Quizá porque fue uno de los primeros personajes que apareció en el particular universo de La Taberna, pero enseguida los demás escritores empezaron a meter a Rose en sus relatos. Luego vino la unificación, la cronología y por exigencias de la continuidad de la historia, Rose tuvo que salir de la mayoría de los relatos. Aún así, creo que el ambiente creado por Rose se ha mantenido en el resto de los cuentos y es el que ha marcado la dirección a seguir. Es que Rose es mucha Rose.
Teniendo el personaje faltaba vestirlo con una historia. Lo cierto es que yo sé tanto de blues como de chino mandarín o de la conjugación de los verbos irregulares del alemán. Y, siendo completamente sinceros, tengo que admitir que muy musiquero no soy. Es una de mis muchas limitaciones, qué le vamos a hacer. Así que no tenía muy claro qué clase de historia podría inspirar un blues. Y no tenía ninguna otra en qué basarme, entre otras cosas porque todavía no había ninguna escrita. Así que hice lo que mejor sé hacer: buscarle la vuelta a las cosas.
De música no sé, pero sí que he leído mucho cómic. Soy fan de Horacio Altuna, un gran dibujante argentino. Y venero a Milo Manara como un dios del olimpo de los cómics. Que los dos dibujen a mujeres sensuales es pura coincidencia. Torpedo 1936, de Jordi Bernet y guión de Sánchez Abuli ha sido la necesaria referencia ambiental. Quizá me haya visto influenciado por Clara de Noche a la hora de describir a Rose…
Pensé: “Tengo más o menos el ambiente y tengo una camarera… pero ¿y si no es exactamente una camarera?” Y se me ocurrió que podía ser otra cosa. Ya tenía el final inesperado (de los que soy muy aficionado). Así que me puse a pensar en el comienzo. ¿Qué podía hacer a alguien hacerse pasar por mujer y meterse en un tugurio como La Taberna? Quería hacer algo un poco más divertido de lo que sugiere un blues, pero sin salirme demasiado hacia la comedia. Pensé en La Taberna… ¿Qué sabía de La Taberna? Situada en el puerto, además de habitada por desheredados, tendría que albergar gente de mal vivir y personas no del todo honradas. Pensé en mafia. Y se me ocurrió que Rose pudiera estar perseguida por la banda dueña de los muelles. De ahí a lo del Tesoro de los Meazza, sólo había un paso.
Meter a Geoffrey fue un recurso: necesitaba un narrador y necesitaba cierto toque humorístico marca de la casa. La idea de un escritor fracasado podía estar bien. Digamos que pegaba con el ambiente de perdedores.
Luego vino el equipo editor y alguna que otra auditoría externa (gracias a todos por la ayuda). Hubo aporte de ideas y algunos cambios argumentales, nueve o diez borradores y multitud de cruces de correos. Digamos que hubo mucho rojo y mucho naranja. Y más horas de las que hubiera podido imaginar. Del relato original de poco más de 1000 palabras pasamos a uno casi cuatro veces más largo. Se añadieron personajes (el viejo Ray entró y salió varias veces) y un poco más de trama… y, bueno, el final cambió. Varias veces.
El resultado es, a mi modo de ver, magnífico (aunque mejorable). Por suerte decidimos dejarlo, porque ahora iríamos por la versión cuarenta o así…
Para terminar: Digamos que, aunque Rose no es Virginia, ni mucho menos, el cuento de Rose está inspirado en ella. Rose era en La Taberna, lo que Virginia era en nuestro bar: La sublimación del deseo no del todo inalcanzable.
Por eso se lo dedico a ella.
Autor: Kike Castelló
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5 Comentarios
Hummmmmm… si mis cuentas nos fallan, unos 142 correos cruzados y 49 versiones y/o subversiones
Aproximadamente, digo…
Pero de largo, lo mejor, es que la inspiración te haya permitido fijar un recuerdo hermoso. Brindo por eso.
Escrito por 17 de diciembre de 2009 a las %H:%M 08Thu, 17 Dec 2009 20:10:57 +010057.
Toda esa historia partiendo unicamente de Rose. Impresionante. Y eso que no entiendes de blues, que si no…
Me reitero. Impresionante.
Escrito por 17 de diciembre de 2009 a las %H:%M 10Thu, 17 Dec 2009 22:21:25 +010025.
Chema, no los he contado, pero tengo todos los correos guardados… así como todas y cada una de las 49 versiones y subversiones de Rose… algo que daría para un libro de más de 300 páginas, por cierto.
Ahora lo ideal sería que la camarera que originó el relato lo leyera… aunque eso forma parte del reino de la fantasía…
Karmen, me vas a poner colorado…
Escrito por 18 de diciembre de 2009 a las %H:%M 12Fri, 18 Dec 2009 12:49:31 +010031.
Me gustan esos relatos de Rosalin.
Me alegra saber que lo más hermoso y atractivo puede ser una simple sonrisa.
Abrazos
Escrito por 20 de diciembre de 2009 a las %H:%M 02Sun, 20 Dec 2009 02:47:24 +010024.
Pero qué sonrisa!
Escrito por 20 de diciembre de 2009 a las %H:%M 09Sun, 20 Dec 2009 21:54:56 +010056.
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