El Escocés dejó por un momento de barrer el suelo y miró la hora en el pequeño reloj en forma de botella de lo alto del estante. Aunque era temprano, era ya hora de cerrar. Sólo había dos días en el año en que cerraba tan temprano: el 8 de mayo y el 24 de diciembre. Fuera estaba nevando copiosamente y hacía un frío polar. De hecho, él había estado en el polo, en los dos, y que le llevaran los demonios si hacía tanto frío allí.
Había pasado un rato largo desde que Lucía se llevó al Viejo Ray para cenar en casa y no quedaba ni un alma en el local. Pronto estaría en casa él también y podría disfrutar del pavo, el pollo o lo que quisiera que hubiera cocinado su mujer. En realidad daba igual, porque era una pésima cocinera y todo sabía a rayos.
Sintió la ráfaga de frío antes de escuchar cómo se abría la puerta de la taberna. Algunos copos se arremolinaban alrededor del voluminoso cuerpo de la persona que acababa de entrar.
Era un hombre grande y gordo. El pelo largo y muy blanco, debajo de un gorro rojo, casi le tapaba los ojos, y la espesa barba también blanca ocultaba prácticamente sus facciones. Llevaba un pesado abrigo de un rojo desgastado con forro de borrego blanco que le sobresalía por el cuello y las mangas. A la espalda llevaba un saco casi tan voluminoso como él.
- Pensé que ya no venías. – dijo el Escocés.
- Sabes que esta noche es muy intensa para mí. Además… casi me descubren.
El Escocés atrancó la puerta en previsión de nuevas peticiones de última hora, se situó detrás de la barra y le sirvió una copa.
-Una… mientras termino de recoger. Me espera mi señora para cenar.
Mientras el hombre se acercaba, él cogió su trapo de limpiar vasos y empezó a secar los últimos que quedaban en la pila. El hombre de rojo metió la mano en el saco y extrajo un estuche que dejó encima de la barra.
- Espero que esto compense a tu mujer la espera. – Y lo abrió para que el Escocés pudiera ver su contenido.
- Eres muy generoso.
- Es que este año te has portado bien.
El Escocés dejó el trapo sobre la barra y cogió el estuche.
- Me imagino que tienes prisa, ¿no?
- Imaginas bien… tengo a Rudolph un poco nervioso. Este temporal… ya sabes. Y me queda un largo camino a casa.
- Una nochebuena de estas tienes que quedarte a cenar…
- ¿Estás loco? Sé cómo cocina tu mujer.
- Ya…
- ¿Qué te debo por el whisky?
- Nada… es Navidad ¿No?
- Sí… es Navidad.
- Hasta el año que viene.
Con un leve gesto de asentimiento, el hombre gordo cogió su saco y salió de nuevo al frío de la calle, dejando detrás de sí algunos copos de nieve flotando en el aire.
Más tarde, en casa, el Escocés masticaba con indolencia un trozo de pechuga de pavo tan seca como la escayola, cuando una noticia en la radio llamó su atención:
El asaltante popularmente conocido como “Santa” ataca de nuevo. Varias mansiones de la zona alta han sido desvalijadas aprovechando la fecha y el temporal. La policía había desplegado un operativo a la espera de que volviese a actuar, pero tras tenerle “acorralado”, según fuentes oficiales, le perdieron la pista “de forma inexplicable”, según las mismas fuentes, en el barrio del puerto.
A continuación, seguimos con nuestra programación especial de Navidad. En este caso, hemos seleccionado para ustedes uno de los grandes éxitos de Mia Lawson…
- Desde luego – afirmó su mujer, moviendo la cabeza – no sé dónde vamos a llegar… ni la Navidad se respeta… ¿Qué tal el pavo, cariño?
- Exquisito. Como siempre. ¿Te gusta tu pulsera?
Autor: Kike Castelló
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4 Comentarios
Muy bueno!!! Creia que te había ganado el espíritu de la navidad… pero no! Genial!
Escrito por 31 de diciembre de 2009 a las %H:%M 07Thu, 31 Dec 2009 19:42:33 +010033.
no podía faltar un guiño tabernero… gracias kike!
Escrito por 1 de enero de 2010 a las %H:%M 11Fri, 01 Jan 2010 23:52:50 +010050.
que hijo puta el amigo Santa. Jeje… lo has modificado ¿no kike? no es tal y como me lo comentaste…
Escrito por 2 de enero de 2010 a las %H:%M 05Sat, 02 Jan 2010 17:02:44 +010044.
Karmen ya sabes… no hay nada normal en la Taberna… Feliz año nuevo.
Por supuesto que no podía faltar Pat, y para el año que viene lo montamos con un poco más de anticipación… villancico incluido.
Hermano, cuando te lo comenté me diste una clave muy importante: El Escocés conoce el nombre de todos sus clientes y en mi relato original no se lo preguntaba. Eso es un fallo, y no nos gustan los fallos. Así que decidí cambiarlo. El Escocés y Santa debían de ser viejos amigos… lo que le daba un final aún mejor (desde mi punto de vista).
Escrito por 4 de enero de 2010 a las %H:%M 01Mon, 04 Jan 2010 13:42:10 +010010.
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