
Cuando me propusieron participar en La Taberna Del Escocés, no tenía ni “pajolera” idea de que iba esto. Estaba enterado de las andanzas del grupo, pero no había explorado “en profundidad” el concepto que se estaba gestando.
Me tocó realizar la adaptación de la historia del pobre George McNab, un solitario personaje, defensor de la ley, que solía pasar las noches en ese local. Pese a que el argumento ya estaba realizado con bastante tiempo (obra de Juan Amorós), tardé un tiempo en ponerme a ello: entre algunos otros proyectos, como el intentar sacar un fanzine y otras historias que estaban comenzando a salir, me encontraba ausente para la familia online de esta aventura.
Tras leer el relato, comenzaron a salir ideas y comencé a darle vueltas, sobre cómo enfocarlo y cómo llevarlo a cabo. Le eché un ojo al resto de cómics que iban saliendo en la web, y observaba que muchos utilizaban formas estilizadas, se arriesgaban con el tipo de dibujo y comprimían la historia en la que se basaban en unas cuantas páginas.
A mí no me salió así.
Lo primero de todo, fue meterle voz en off. Es un recurso con el que me siento a gusto. Y en vez de adaptar el texto, he procurado dejarlo tal cual estaba. Al fin y al cabo, si la historia era buena, ¿para qué modificarla? Creo que en todo el relato he cortado (por motivos de espacio) un par de frases, que espero que no cambien excesivamente el tono de la historia.
Segundo, el tipo de dibujo. A menudo, el dibujo era esbozado; en viñetas, los personajes llegaban a ser sombras; en otras, el dibujo se hacía “feo”: cuando tratas una historia de corte “negro”, no te esperas que todo sea impecable o agradable, es basto, duro, y debe dar miedo.
Lo último que surgió fue el “color”. La idea original era dejarlo en blanco y negro, pero acabé optando por añadir un par de tonos grisáceos, para intentar emular el cine de gangsters de los 40, al igual que me permitía separar distintos niveles o acentuar ciertos elementos (los personajes principales, salvo en primeros planos, aparecen sin rastro de color).
Reitero en lo de que no me salió así, porque al dejar el texto tal cual, la extensión se fue de las manos. Son 10 páginas en total, con las penas de ese hombre que pasó de tenerlo todo a ser una sombra de un lugar donde los asuntos turbios sucedían cada noche, donde las extorsiones, los asesinatos y sus autores se reunían, escapando de las luces de las calles.
Eso sí, ahí dentro tenían una música estupenda.
David Buceta
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