Capítulos: 1 2

El hombre tras la barra deja de revisar papeles, levanta la vista y escruta la silueta que se ha detenido en el umbral de la desierta taberna, recortada por el sol de media tarde.
Daniel MacGill: ¿Vas a pasar?
El hombre en la puerta parece dudar. Y parece incómodo dudando. Finalmente se decide, entra y se sienta en un taburete, frente al hombre tras la barra, que recoge los papeles que miraba. El recién llegado es de complexión fuerte, de unos cincuenta o sesenta años, piel curtida, pelo canoso y cortado al estilo militar. Viste un traje caro, de corte europeo.
Robert S. Ghael: Hola, Danny, maldito hijo de puta.
No sonríe. Parece sincero en su adjetivación.
D: Hola, Robert. Debes haber estado leyendo mucho. Tu vocabulario se ha resentido.
R: Te veo bien.
Danny se encoge de hombros.
D: Estoy bien. No puedo decir lo mismo de ti.
R: Eres muy amable.
D: Lo soy. Seguro que la sinceridad es algo a lo que no te tienen acostumbrados tus empleados.
Robert se queda pensativo por un segundo, dudando entre decir algo o no. Danny se agacha tras la barra y saca una botella polvorienta.
R: ¡¡¡No me jodas!!! ¿Eso es…?
D: Ajá. Es.
La botella se abre con el sonido de un precinto que se rompe.
R: Pero… pero… cerraron la destilería hace… ¿quince años?
D: Diecisiete.
R: Vaya… estuve buscando alguna remesa de las últimas, pero nada…
Danny sirve tres dedos en un vaso para Robert, y uno para él mismo.
D: Pues desde entonces está aquí. Esperándote, supongo… A veces el dinero no basta, Robert. A veces de hecho no importa.
R: Ya… Tenía que salir. Tu puta condescendencia de chico bueno. Parece mentira, Danny… cualquiera pensaría que tú no has hecho cosas… discutibles en el pasado.
D: No sólo discutibles, sino malas. Y peores. Y tú lo sabes porque estabas allí. Y sabes que cuando dejé la mar también dejé aquello. Como podrías haber hecho tú.
R: ¡¡¡No me jodas, Escocés!!! Tú no tenías una familia que mantener. Tú podías permitirte tener eso que te gustaba llamar principios. En el fondo era más sencillo: tú tenías esto para vivir.
D: Y tú podrías haberte quedado conmigo.
R: Ya, claro… compasión y un porvenir de mierda. En este lugar sin futuro. Justo lo que un hombre necesita. Justo lo que mi familia necesitaba.
Danny piensa un poco antes de decir, muy despacio:
D: Y ahora… ¿dónde están, Robert?
Robert apura el vaso. Danny lo rellena sin preguntar y Robert lo agradece con un gesto de cabeza. Se pasa el vaso por la frente.
R: No he venido a hablar de Bobby y de Annabelle. Están bien. - Su cara se tuerce en una mueca - Viviendo como reyes a costa del dinero que tanto les repugna… Creo que están en algún balneario de esos de moda, en Suiza o en Alemania.
D: Nunca me gustó Suiza. La gente allí tiene una idea muy rara de lo que es cantar.
R: Pues sí.
D: A tu salud.
Ambos alzan las copas y las apuran. Danny vuelve a echar tres dedos en el vaso de Robert y uno en el suyo. Robert levanta una ceja.
D: Estoy de servicio
Sonríe.
R: Ya…
D: Bien, ya hemos comprobado cuánto nos parecemos a nosotros mismos, Robert. Ahora, ¿qué quieres?
R: Ya lo sabes.
D: Robert, el chico está en el hospital. Estará allí como poco tres meses. No volverá a pelear. Si tiene suerte volverá a hablar.
R: Me estás haciendo llorar, Danny.
D: Ten cuidado donde lo haces, acabo de fregar.
Robert sonríe y menea la cabeza, tras lo cual, apura la copa y pone la mano encima para evitar una nueva dosis.
D: ¿No puedes dejarlo correr? ¿No has demostrado lo que querías?
R: No. Sabes que no. Tú conoces mi mundo. ¿Sabes lo que pasaría si empezaran a decir que un simple boxeador sonado me ha chuleado?
D: No te ha chuleado, Robert. Tus chicos le han dado la paliza de su vida. Si no intervenimos Patrick y yo…
R: ¿Y por qué cojones tenías tú que intervenir? - El volumen de su voz aumenta considerablemente, sus ojos se inyectan en sangre - Tú, maldito cabrón acomodaticio, que pagas a gangsters sin preguntar cuánto, que untas a la pasma, que miras para otro lado… ¡¿¡¿¡¿no te podías quedar al margen?!?!?!
D: No, Robert, no podía.
R: ¿Qué es esto? ¡¿¡¿¡¿Solidaridad entre paletos escoceses?!?!?!
D: Sí, Robert, es patriotismo. Sabes que no puedo negarme a ayudar a un escocés en apuros. A cruzar la calle. O a enterrar a su perro. O a evitar que cinco cabrones cobardes con bates de béisbol le conviertan el cerebro en goulash…
R: En cualquier caso, ya da igual. La voz se ha corrido por ahí, Danny. Se dice que me has desafiado. Un barman de mierda me ha desafiado a mí, que controlo todas las apuestas deportivas en esta ciudad. Yo dije que Marvin McCoy era hombre muerto. Lo dije por un motivo muy concreto y justificado. Y tú te pusiste en medio. ¿Recuerdas lo que te dije la última vez que estuve aquí?
D: Claro. Primero te burlaste cuando te dije que esto me había convertido en un hombre feliz. Y luego dijiste “es la última vez que piso esta mierda de antro”. Tendrás que reconocer que te equivocaste…
R: Te dije que nunca te cruzaras en mi camino. Te dije que estábamos en paz y que nuestros recuerdos no te salvarían si te interponías entre mis planes y yo.
D: Ah, eso… Aún así, reconoce que te equivocaste…
Robert sonríe y Danny le rellena el vaso. Robert toma un trago.
R: Joder, qué bueno está… Bien, ahora llega el momento… ¿qué hago contigo, Danny?
D: No creo que te gusten mis ideas al respecto.
R: Te seré sincero. Ya había pensado algo. De hecho, di la orden. Y era una orden inequívoca. Danny, ordené que quemaran este sitio. Hasta los cimientos. Pero, sin embargo… bueno, dejémoslo en que ha pasado algo inesperado. Algo inesperado que te aseguro que no volverá a suceder. Y ¿sabes una cosa, Danny? Cuando algo inusual sucede, lo considero una señal divina. Es como oír a dios diciéndome: Eh, muchacho, tómate esto en serio… Por eso estoy aquí. Para intentar reconducir este problema. Si podemos.
D: Ya. ¿Sabes qué? No me importa, Robert. No me importa si te lo ha dicho dios o tu desviado sentido de lo que significa el honor o el prestigio. ¿Quieres reconducirlo? Si quieres reconducirlo, déjalo estar.
R: ¿O…?
D: O nada, Robert, yo no amenazo, lo sabes.
R: Tú ni amenazas ni haces nada. Eres un cobarde. Un puto cobarde. Lo eres desde que dejaste la mar. Parece mentira, Danny…
D: Sí. Así es. Pero lo hice por elección.
R: Jajajaja… claro, claro, en el fondo resulta que eres un tipo duro, eres peligroso… por supuesto… Bien, viejo amigo, como suponía no ha servido para nada. En fin, me quedo con la conciencia tranquila por haberte advertido. Ya sabes lo que pasará, ¿verdad? Claro que lo sabes… Acabaré con tu mierda de vida perfecta, Danny, acabaré con esta mierda de antro que tanto amas y que te ha redimido. Destruiré todo lo que te importa, y lo haré de forma que todos sepan que he sido yo. Así son las cosas, tengo que dejar claro lo que les pasa a los que se interponen en mi camino.
Robert se da la vuelta y se encamina despacio hacia la salida, como esperando una respuesta que no llega. Cuando alcanza la puerta, se gira. Danny parece de nuevo absorto en los papeles con los que estaba al principio. Por fin levanta la vista. Agarra la botella polvorienta y le sostiene una mirada fija que parece durar una eternidad.
D: Robert… quiero que sepas que lo siento. Siento que esto acabe así. En realidad… no soy tan cobarde, ¿sabes?
R: No, no, no lo sientas, Danny. Ya lo sentirás. Y te acordarás de esta conversación.
D: Toda mi vida, viejo amigo. Ni te imaginas cuánto…
Robert mueve la cabeza y sale de la taberna, al sol tenue y rojizo. Camina dos pasos y de pronto se desploma pesadamente sobre el empedrado.
Danny, mientras tanto, vacía la botella en el fregadero. Cuando ha terminado, se sienta. Y, por primera vez en muchos años, entierra su cara entre las manos y llora.
Autor: Chema Tornero
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5 Comentarios
Ah! La amistad, que bonita es. Muy bueno este tríptico navideño y Aileen cada día me enamora más, que buena es con Marvin.
Escrito por 6 de enero de 2010 a las %H:%M 12Wed, 06 Jan 2010 12:39:32 +010032.
éste es mi muy favorito.
el diálogo tan intenso… me encanta
Escrito por 6 de enero de 2010 a las %H:%M 10Wed, 06 Jan 2010 22:52:04 +010004.
Bueno, Escocés, no te extrañes si dudo cuando me sirvas una copeja, la próxima vez… :DDDD
Excelente relato… por cierto, ¿y si Robert se pone pesado y le obliga a beber? ¿Vendrán ahora a por el Escocés los matones de Robert? cuidado con Mr. Cerillitas… ¿Qué haremos con el cadáver?
Sip, estoy enganchá a la Taberna, qué le vamos a hacer cauno tié sus vicios…
Escrito por 7 de enero de 2010 a las %H:%M 02Thu, 07 Jan 2010 14:14:32 +010032.
Gracias, terna de incombustibles. La verdad es que este relato se lo debo en gran parte a Kike. Él creó a Robert, yo sólo le di un pasado. Un pasado bastante impreciso, a decir verdad…
Escrito por 15 de enero de 2010 a las %H:%M 10Fri, 15 Jan 2010 22:43:04 +010004.
Decir eso es como cuando Hector “Negro” Enrique, el que dio el “pase” a Maradona en el segundo gol contra Inglaterra en el mundial del 86 dijo: “Así cualquiera, con ese pase que le he dado…”
Escrito por 15 de enero de 2010 a las %H:%M 11Fri, 15 Jan 2010 23:49:41 +010041.
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