William Farquarson
Llevo diez años conservando el artículo de prensa en el que apareció publicada la muerte de mi hija. Mary MacNab asesinada. El cuerpo de la menor fue hallado a dos kilómetros de su domicilio, en los jardines del abandonado Old Park.
Mi niña. Violada y asesinada.
Ese día mi mundo se terminó, y sólo el deseo de venganza conseguía que abriera los ojos cada mañana. Que se hubieran ensañado con la hija de un inspector de policía, sólo podía ser la materialización de una venganza hacia mí, qué otra cosa habría podido dolerme más. Investigué los círculos de todas mis detenciones recientes, de las menos recientes, de las influyentes, de las anodinas, de todas. No hubo nadie que quedara sin interrogar. No hubo una pista sin seguir. Todo aquél con un expediente turbio o que se hubiera cruzado en mi camino en alguna ocasión era investigado y perseguido. Y nada. Nada. ¡Nada!
Por las noches, agotado tras un nuevo día de fracasos, volvía a La Taberna, de donde no salía hasta el amanecer. Allí Farquarson me ponía a una copa, y otra, y otra… invita la casa, decía. Para eso están los amigos. Decía.
El día en que dieron el caso de mi hija por cerrado, recogí mis cosas, y me fui de la ciudad con la intención de no regresar jamás. Hasta que la semana pasada recibí la llamada de mi amigo. La gente que tiene cosas que ocultar se siente segura cuando pasa tanto tiempo. Incluso cuando es algo terrible. George, amigo, soy Geoffrey. Tengo que contarte algo.
Miré a Farquarson desde mi rincón habitual. Estaba inquieto. Desde que le conocí trabajaba de reponedor en La Taberna Del Escocés. Era el último garito al que servía. Y acabado su turno, se quedaba bebiéndose el sueldo noche tras noche. Cuando el Escocés estaba sin camarera, le echaba una mano sirviendo copas. Todos esos años allí le habían servido para ver, oír y hablar de muchas cosas. Y en un momento de debilidad cometió una imprudencia. La de confesarle aquello que se había jurado olvidar a aquel escritor que pocos años antes había entrado en La Taberna para quedarse, y en el que, a fuerza de compartir noches y borrachera, había depositado sus confidencias. Si supiera lo pequeño que es el mundo, si supiera que yo era amigo de Geoffrey mucho antes que él, estaría aterrorizado.
Cargado con varias botellas, Farquarson salió de la Taberna, y se dirigió por la puerta de atrás, hacia el callejón. Allí lo asalté.
- Farquarson, mírame a los ojos – dije.
El hombre se dio la vuelta, despacio, muy despacio. No luchó. Creo que sólo esperaba el desenlace de esos diez años de purgatorio. No había habido día en que no maldijera aquella tarde de euforia y alcohol, cuando decidió dejar La Taberna para correrse una juerga con Buchanan y MacNeilly. Y lo que comenzó siendo una broma, asustando a una joven, provocándola, tocándola, se les fue de las manos. Y después de la violación llegó el pánico. Hubo que matarla, no quedó más remedio. Durante la investigación nadie pensó en ellos. No había relación alguna con el caso, no había móvil, tan sólo una conjunción de locura, exceso de alcohol y mala suerte.
Al amanecer, el cadáver de Farquarson apareció, como los anteriores, en los jardines de Old Park.
La rutina y la calma no tardaron en volver a La Taberna Del Escocés. Lo ocurrido se contaba como una historia más, entre alcohol y buena música. No lejos de allí, en el cementerio Mount St. Peter, sobre la lápida de Mary MacNab, pude grabar un epitafio: You can rest now. Dad.
Y colocar entre unas flores secas, un papel usado:
Ronnie MacNeilly
Greg Buchanan William
Farquarson
Autor: Juan Amorós
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5 Comentarios
En fin, Juan, qué puedo decir? Creo que has dado lo mejor de ti mismo en este relato (1e+ puro y duro, anda que no…). Y creo que supiste captar a la perfección, desde un principio, el halo de la taberna.
Me tomo una a tu salud, amigo.
Escrito por 15 de enero de 2010 a las %H:%M 10Fri, 15 Jan 2010 22:46:11 +010011.
Juan, muchas gracias por tu relato!
Escrito por 17 de enero de 2010 a las %H:%M 01Sun, 17 Jan 2010 01:21:18 +010018.
Como me ha tocado ponerle la música no diré nada…bueno no me ha tocado lo elegí. Espero estar a la altura del relato, me mola MacNabb.
Escrito por 17 de enero de 2010 a las %H:%M 09Sun, 17 Jan 2010 09:59:44 +010044.
Sí, Chema, tiene razón, leyendo tu relato te ves entre parroquianos de la Taberna y por supuesto, deseando cubrirle las espaldas a MacNab mientras cumple el ritual de las rosas…
Escrito por 18 de enero de 2010 a las %H:%M 08Mon, 18 Jan 2010 20:19:11 +010011.
Muy buen relato Juan. Me gusta todo el submundo que estais creando alrededor de la Taberna, con ese toque negro y ese blues de fondo. Me alegro de verte por aqui.
Escrito por 19 de enero de 2010 a las %H:%M 11Tue, 19 Jan 2010 23:59:16 +010016.
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