Definitivamente nada original. Sólo es una idea, que tengo que desarrollar porque esto es sólo embrionario. Tengo en la cabeza muchas variaciones menores posibles, así que las sugerencias son bienvenidas.
Así empezaba el mensaje. Era el 17 de mayo de 2008. Eme me acababa de escribir, poniendo en claro su proyecto de La Taberna del Escocés. Habíamos hablado por encima de ello un mes antes, pero ahora las cosas empezaban a tomar forma, y quería relatos, quería historias. Después de esta escueta introducción venía la primera versión de Quince años para aprender a tocar la armónica.
Eme, que suele ser lacónico en sus correos, contestó con un escueto “Está de puta madre”. Pero, no lo estaba. De hecho, de aquel relato ha sobrevivido lo esencial: el hombre, la mujer, la armónica y el Glenfiddich. Casi todo lo demás ha cambiado.
Primero la idea de vincularlo con otros relatos parecía complicada, por las características de los personajes y por la trama en sí. La primera idea (de Eme y de Pat) fue adaptar el relato para que la mujer fuese Baby Blue (si no conocéis a Baby Blue, no os preocupéis, no tardaréis mucho en hacerlo…). Lo hice. Y no funcionó. Fue una lástima, porque me encantaba la idea. Sofía (la extraordinaria pluma detrás de Baby Blue) me echó un cable y, de hecho, algunas de las mejores frases de el relato son enteramente suyas, pero no fui capaz de hacer que aquello funcionara (dicho de otro modo, nunca pasó el exigente control de calidad de Kike).
Como suele suceder conmigo y mis cosas, hasta última hora no me puse a arreglar el desaguisado. A última hora quiere decir, concretamente, que la versión final del relato data de finales de enero… Y no hubiese sido posible si Reichel y Pat no hubiesen decidido tomar cartas en el asunto y cortar, añadir, retocar y reubicar hasta dejar el relato, esencialmente, tal y como está publicado. Desde luego, siendo un relato con el que nunca he estado contento, tengo que agradecerle el que me haya dado la posibilidad de colaborar con tres escritoras de tanto talento y paciencia (al menos conmigo).
Así que hasta aquí hemos llegado, casi dos años después. Creo que a Eme le sigue gustando. Y a mí me sigue pareciendo poco original, y sigo teniendo en la cabeza muchas variaciones posibles. Eso sí, el Glenfiddich no se toca.
Sólo faltaba.
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La Taberna del Escocés ha decidido sacar a concurso el logotipo que figurará como imagen corporativa.







