
Puto humo. Ha vuelto a entrar en mis ojos como un nublado. Entre el humo del local y el del cigarrillo, siempre colgado de mis labios, no es extraño que me esté matando. Sólo cambio la boquilla del pitillo por la del saxo. Ahora, en diez minutos, me toca subir al escenario. Marcus ya se ha dado cuenta de que me fallan los pulmones. No llego muchas veces. Puto humo.
Aileen me mira. Creo que es la única admiradora que tengo. Tal vez, incluso la única persona que me quiera en este mundo. Me es indiferente. Pronto dejará de escuchar mis notas. Todos dejarán de hacerlo. Estoy tan harto… sólo cuando subo al escenario me olvido de la mierda de vida que llevo. Me trasformo, me elevo por encima de todo y de todos. Pero a mis pulmones les falta fuelle. Mal asunto.
Aileen se acerca, me roza el brazo. Si pudiera decirle qué grata es esa leve caricia. Si pudiera decirle que incluso pasaría mi vida entera con ella. Sonrío. Ella me sonríe. Es pura empatía. No tiene ni puta idea de por qué me sonrío, pero me devuelve la sonrisa con creces. Sí, querida Aileen, ahora te tomaría entre los brazos, soltaría el pitillo y te besaría la boca. Aunque temo asfixiarme si lo hiciera. No estoy para dar un beso en profundidad. Estoy acabado.
Me enciendo el último antes de subir. Aileen me pregunta qué voy a tocar. Le contesto que lo de siempre. Me pide su canción preferida, Lately, también la de siempre. Es todo monótono y aburrido. Demasiado. El único acontecimiento digno de mención en las dos últimas semanas fue recibir mi diagnóstico, que traducido al cristiano, es una sentencia de muerte. Me quedan unos meses. Y aún me parece mucho.
Y ahora ella se acerca a mi oreja derecha y me susurra que nos casemos. Joder, no, ya es tarde para todo. Me emocionan tus palabras, pero no tenemos futuro, pequeña Aileen. Me muero. Esto sólo lo pienso. No quiero herirla. No quiero que lo sepa. Y por el contrario le digo que es hermosa, que es inocente… pero que no me puedo casar con ella. Soy mayor ya. Me dice que no le importa. A mí sí.
Marcus me mira y me hace un pequeño gesto. Ya nos toca. Me levanto, y al hacerlo me da un ataque de tos. Uno fuerte. Puto tabaco. El pitillo sale disparado de mis labios y con él un salivazo sanguinolento. Levanto los brazos buscando un aire que no encuentro. Aileen me abraza, me habla, me frota el pecho. Qué poco tiempo queda. Y aunque no fuera así, ella se merece algo mejor.
Pasó la tos.
En el escenario tomo mi saxo. Miro hacia las mesas y una nube de humo parece amenazarme con tormenta. Puto humo.
Autor:Juan Calleja
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5 Comentarios
Muy bueno Juan. Corto, conciso, directo, pero lleno de sentimiento, tos y humo.
Escrito por 1 de marzo de 2010 a las %H:%M 10Mon, 01 Mar 2010 10:26:24 +010024.
Puto humo. Genial.
Escrito por 1 de marzo de 2010 a las %H:%M 07Mon, 01 Mar 2010 19:38:44 +010044.
Bueno, gracias a ambos por vuestros comentarios. Hace ya tanto que lo escribí que ya casi ni me acordaba. Jajajaja. Ahí esta, arreglado por lo mejores arreglistas del mundo y pidiendo guerra. Besos y abrazos.
Escrito por 2 de marzo de 2010 a las %H:%M 02Tue, 02 Mar 2010 14:00:42 +010042.
Hola Eme , gracias por tu apoyo en el blog de elpaís.com. No hay vuelta atrás. Elcapital sionista de wall-strett que ha salvado de la ruina a PRISA quiere negocio pero también controlar la información y la opinión.
Estoy por aquí.
http://casajuntoalrio.wordpress.com/
Namasté y buena noche
Escrito por 21 de marzo de 2010 a las %H:%M 02Sun, 21 Mar 2010 02:04:09 +010009.
[...] en el relato El Saxofonista, de Juan [...]
Escrito por 29 de marzo de 2010 a las %H:%M 12Mon, 29 Mar 2010 00:03:19 +020019.
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