10 de February de 2012

La Taberna del Escocés

Cultura Libre

11 - La luna de los suicidas

Escrito por admin el 12 de julio de 2010

Capítulos: 1 2

la_luna_de_los_suicidasEstoy tocando. Cuando toco no tengo miedo, es cuando paro cuando, a menudo, las palabras de mi padre retumban en mi cabeza, no sirves para nada, eres un inútil.

Me llamo Floyd y soy contrabajista. Este escenario es lo más parecido a un hogar. Esta banda es lo más parecido a una familia. Y cada día, cuando dejamos de tocar y guardo el instrumento en su estuche, que es del tamaño de un ataúd, siento el mordisco de la nostalgia y sin quererlo me traslado al pasado.

No tengo recuerdos de una madre, no sé en realidad qué es lo que pasó, no sé si murió, no sé si nos abandonó, no sé si nos abandonó y murió. Nunca me atreví a preguntarlo, mi padre no quería hablar de eso, no era útil. Salir adelante, trabajar para comer, hacer de mí un hombre de provecho, esas eran sus preocupaciones.

¿Yo? Trabajar en el rancho, trabajar en el rancho y trabajar en el rancho. Hice de sus preocupaciones mi vida.

Lo mejor del día… la noche, porque todo terminaba. Nos sentábamos los dos solos en silencio a la mesa, rezábamos, y luego no hablábamos más, poníamos la radio. Teníamos una radio pequeña y escuchábamos lo que ponían, con suerte blues, con más suerte jazz, y cuando tocaba Court Hill… entonces era feliz. Me fascinaba aquel contrabajista tan joven que revolucionaba a los músicos del momento con su enérgica determinación de salir del swing. En casa había un contrabajo sí, lo único que quedaba de mi madre.

Me busqué la vida para aprender a tocarlo y una noche decidí romper el silencio de la cena diciendo: papá, quiero ser músico. Me gritó con furia que era un inútil, un vago y un desagradecido, él que lo había dado todo por mí. Me abofeteó, e inmediatamente se llevó las manos a la cara y se puso a llorar. Sus palabras retumban en mi cabeza.

Y lo cierto es que tocar el contrabajo no es útil, y justo este instrumento que es tan grande y que no puede estar solo. Me recuerda a mí mismo. Pero al tocarlo, siento que las piezas encajan y me recomponen. Cuando lo toco, siento que pertenezco a esta vida. Cuando lo toco es cuando siento.

Y por eso, dejé el rancho a escondidas, porque no quería mirar a mi padre a la cara y decirle: me voy, detesto esta vida, quiero buscar mi propio destino.

Y le dejé allí, solo. Y no miré atrás. Y nunca he vuelto a saber de él.

La ciudad me recibió con desprecio, como si conociera mis pecados, y no dudó en arrebatarme el contrabajo a cambio de un alojamiento y comida.

Miller me recogió hace ya varios años, borracho y hecho mierda. Acabado.
Y aún así me recogió y me dio trabajo, ésa es la verdad. Se convirtió en mi sustento y en lo más parecido a un nuevo padre. De nuevo en deuda, hube de ser como una marioneta.

- Vamos, vamos, vamos.

El ritual era siempre el mismo: tres palmadas, el asistente elevando la voz y haciendo un gesto con las manos, vamos, vamos, vamos.

Las chicas, nerviosas y demasiado arregladas para mi gusto, cruzaban los dedos para que el productor las escogiera.

Kevin Miller nunca ha tenido ningún instinto para los musicales, pero le encantaba pasar revista a las nuevas y deslumbrarlas con su poder. Viste, respira y se mueve como sólo saben hacerlo los que han podido pagarse todo lo que han deseado.

Las coloqué en fila y, sin mirarlas a los ojos, comencé a pasar lista para asegurarme de que estuvieran todas, pero al nombrar a una de ellas no obtuve respuesta. Alcé entonces la vista y me encontré con los ojos de una chica clavados en los míos “Aileen Meyer. Es Aileen Meyer, no Mayer”.

Sentí una mano en mi espalda y me di la vuelta. Allí estaba Miller, sonrisa cincelada y traje modelo “Éxito Garantizado”. Su perfume europeo inundó la estancia. Me dio un par de palmadas con la acostumbrada familiaridad cargada de condescendencia, y revisó a las chicas, que cuchicheaban y se ruborizaban ante sus miradas inequívocamente indiscretas, hasta que llegó a ella.

Miller retrocedió esbozando una media sonrisa.

¿Qué ha sido Aileen para mí? No lo sé. Siempre la vi guapa, sí, pero lo que vi en ella, es lo que veo en mí. Eso era Aileen para mí, un reflejo de mi historia.

Miller se encaprichó con Aileen desde el primer día. Ella se tomaba en serio su carrera y le dijo que no una vez tras otra. Él se tomaba aún más en serio su deseo sexual, y cuando se cansó de negativas decidió cuál sería su futuro.

Para Miller fue fácil conseguir que no le dieran trabajo en ningún sitio, fue fácil que volviera y le suplicara, fue fácil que muriera Aileen Meyer para siempre y naciera Aileen Star. No querías, pero ahora te vas a acostar conmigo, y también con todo aquel que pague.

Y ahí empezó su descenso a los infiernos. Y su destrucción paulatina coincidió con la mía. Porque apuesto a que ella seguía pensando en ser actriz, al igual que yo seguía soñando secretamente con ser músico.

Caminaba anestesiado obedeciendo al verdugo de mis sueños, cada vez más torpemente por mi afición consolidada a la bebida. Miller, por supuesto, terminó dándome la patada. No moví un dedo. La rabia y la frustración que sentía tenían que ver únicamente conmigo.

No sé por qué lo hice pero, borracho perdido, me encontré delante de la casa de Aileen. Me abrió la puerta, dejé la botella sobre la cómoda y le arrojé 50 dólares.

- Es todo lo que tengo
- No voy a hacerlo, Floyd. - me dijo.
- ¿Y por qué no? – grité.
- Contigo no… Porque me recuerdas demasiado a mí.

Y las palabras de mi padre rebotaron en mi cabeza. Inútil, fracasado y puta, porque al fin y al cabo, no había diferencia entre nosotros. Yo, Floyd Star.

Y la abofeteé con todas mis fuerzas, la arranqué con violencia la ropa y la penetré desando acallar las voces. Y las voces se callaron cuando la oí a ella llorar.

Y me separé despacio y me miré las manos con miedo y me las llevé a la cara para ocultar mi rostro lleno de lágrimas. Perdóname Aileen, perdóname.

Salí de allí corriendo y no paré hasta llegar al puente en donde terminaban sus días los que son incapaces de seguir viviendo. La luna, iluminando las calles cercanas del puerto, huérfanas de luz eléctrica desde hacía tiempo, parecía ser testigo de mi destino.

Inspiré profundamente y me subí al pretil. Mis sentidos se agudizaron. Todo cobró forma y presencia. El olor del mar, intenso y penetrante, la sensación de la brisa en mi cara, la música lejana… Era una vieja canción… “It´s not your time”… La conocía, claro que la conocía. Una canción del quinteto de Peter Beat, y al contrabajo… Court Hill.

La curiosidad pudo con la determinación. Me di la vuelta y mientras sonreía, pensé que no valía ni para suicidarme. Caminé hacia la música, primero lentamente, y luego casi corriendo. Venía de un bar cercano, coronado con una bombilla parpadeante y un pequeño rótulo, que parecía sacado del cuerpo de un barco, donde se podía leer “La Taberna Del Escocés”. Al abrir la puerta me golpeó una humareda tremenda.

Me acerqué a la barra, no sabía muy bien para qué. No llevaba dinero. En realidad, tampoco quería beber. Simplemente escuchar un par de canciones. Sólo eso. Sin embargo, el tabernero tenía otros planes. Me escrutó las manos y me preguntó si sabía tocar el bajo. Aún estaba algo embotado por el whisky, pero dije que sí. Se giró y cogió una botella sin etiqueta. Me sirvió un vaso y si eso era whisky había estado desperdiciando mi hígado toda la vida. Los ojos dejaron de molestarme por el humo y una sensación de euforia recorrió mis entrañas.

Así empezó todo. O volvió a empezar. Todo lo que tenga que venir puede esperar. Estoy tocando y cuando toco no tengo miedo.

Me llamo Floyd y soy contrabajista.


Autor:Reichel Congosto

Basado en una idea original de David García Gómez


Descarga:

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2 Comentarios

  1. pat dijo,

    “Estoy tocando y cuando toco no tengo miedo. Me llamo Floyd y soy contrabajista”.
    El hombre que se encontró. Con lo difícil que parece tantas veces. Es genial.

    Escrito por 15 de julio de 2010 a las %H:%M 02Thu, 15 Jul 2010 14:32:46 +020046.

  2. El teclista accidental dijo,

    Me encanta. Quizás porque no me resulte nada ajena la idea de aferrarte a la música cuando se hunde casi todo. O porque me encanta y ya está.

    Escrito por 18 de julio de 2010 a las %H:%M 09Sun, 18 Jul 2010 21:47:04 +020004.

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