Advertencia: Este artículo contiene información relevante del relato Hugo “Insumergible” Williams.
Todos los días nos llegan muchísimas chorradas al correo electrónico y el último día de trabajo antes de irme de vacaciones no iba a ser diferente. En esa ocasión se trataba de una presentación sobre “los grandes misterios del mundo”, entre los que se encontraba uno que me llamó mucho la atención: el misterio del pasajero inmortal. A grandes rasgos se trata de que, con una diferencia de doscientos años, en tres hundimientos diferentes, aparece el mismo nombre en la lista de supervivientes: Hugh Williams.
Y con esas me fui de vacaciones.
En lugar de ir a montañas nevadas ese año me tocaba velero por el Mediterráneo (de verdad que suena mucho mejor de lo que es), y entre arriar velas y llevar la caña del timón, la idea del marinero Williams iba tomando forma. Si en lugar de darse en un periodo de doscientos años se diera en una sola vida, ser el único superviviente de tres hundimientos se podría considerar tener mucha suerte. Y sobre esa idea empecé a construir el relato, girando sobre la dualidad buena suerte / mala suerte. Lo que para uno puede ser buena suerte, puede no serlo para otros. Sobre todo si estás muerto.
Describir los hundimientos era mucho más sencillo. El primero, el barco de guerra, me parecía lógico. Situaba sutilmente la trama en un contexto histórico, aunque sin dar muchos datos. El nombre del buque, USS Sinsbee, existió de verdad y participó en la guerra, aunque nunca fue hundido y terminó sus días en la marina Argentina. El nombre del segundo barco, el Neptune, es una especie de homenaje a mi equipo de fútbol (y al dios del mar, claro), y el nombre del tercero, el Peisinoe, es una pequeña deformación del nombre de una de las sereias de la mitología griega, Pisinoe, un ser mitad pájaro y mitad mujer (hay que darle salida a esos conocimientos, ya que en una conversación normal es muy complicado meter el dato y, de momento, no tengo intención de ir a “Saber y ganar”).
La subtrama del armador, Charles Perkings III, vino después, para añadirle un aliciente más. Aunque, a la postre, sea la trama principal de la historia. Y, bueno, añade un personaje más al universo Tabernero y quizá tenga su relato más adelante. Lo cierto es que esta es la primera vez que escribo un relato sin tener muy claro cómo va a terminar. El final, por una vez, apareció al final, con ayuda de Chema Tornero y Patricia Lodín, que me recolocaron los capítulos para que la historia fuera más lógica y, sobre todo, para que el final, una vez elegido, fuera menos evidente (gracias, chicos).
El personaje de Hugo Williams cuadraba perfectamente con un ambiente de perdedores de la Taberna del Escocés, y usar a Geoffrey para contar la historia del marinero con mucha suerte es mi habitual recurso para contar una historia con las “licencias” que me permite este personaje. Siendo, además, una taberna portuaria, era necesaria la presencia de un marinero en algún relato. Por cierto… en un principio Hugo Williams no se iba a llamar Hugo, sino que iba a mantener el nombre original: Hugh Williams. Pero mi programa editor de textos tiene autocorrección y se empeñaba una y otra vez en cambiarme Hugh por Hugo y, cansado, lo terminé dejando.
Y esto es todo, amigos.
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