12 de March de 2010

La Taberna del Escocés

Cultura Libre

Entradas escritas por el autor

Knockdown

Escrito por Chema el febrero - 26 - 2010

interrogatorio

- Golpea. Encaja. Golpea. Encaja. En eso reside todo. Tómate tu medicina.

Rage Kenny sonríe. Sonríe como lo hace él, con la boca y con los ojos. Mi medicina es la receta casera de Kenny para recuperarte después de entrenar duro. Dos partes de agua, una de zumo de limón, un café cargado, tres cucharadas de azúcar y una pizca de sal. Está horrible, y me encanta. Como la sensación del sudor. Como el olor a goma y a magnesio.

- En el boxeo, en la vida. No dar nunca, nunca nunca, un combate por perdido es importante. Tener buena pegada es importante. Encajar como lo haces tú, que pareces un italiano, es importante. Un buen juego de piernas, muy importante. Pero lo más importante de todo, lo esencial, es saber cuándo golpear y cuándo encajar. Nunca ganarás una pelea simplemente golpeando. Ni simplemente encajando.

Intento grabar estas palabras en mi mente. Es Rage Kenny, campeón mundial de los pesados. Es mi ídolo. Es mi amigo.

- Es como la mierda esa de la armónica que tocabas tú, no? Soplar y aspirar. Todo se reduce a saber cuándo hacerlo.
- Bueno, Kenny, es un poco más complicado, verás, a veces tienes que aspirar llevando la lengua al paladar y…
- No me jodas, saco de mierda irlandesa. - Un pescozón cariñoso, que casi me corta la espiración.- No te pongas sutil conmigo. No es lo mismo un jab que un uppercut que un cross. Es que no estamos hablando de eso.
- Sí, Kenny.
- Tienes que entender esto, chico. Golpear. Encajar. El boxeo y la vida.

Sacudo los recuerdos y trato de acomodarme en la silla. Está difícil. Las esposas me cortan la circulación. Noto cómo me sangra una ceja. Ni que fuera la primera vez.

Se abre la puerta. Entra un policía, deja su identificación encima de la mesa. Miro la foto. Está sonriendo. Creo que es la primera vez que veo un poli sonriendo en su foto. Parece simpático. Se derrumba en la silla frente a mí. Parece cansado. Me enciende un cigarrillo y me lo pone en la boca. Parece legal.

- Veo que Lennox te ha interrogado ya. Me sorprende que sigas callado. Cuando Lennox interroga, el sospechoso confiesa hasta el asesinato de Lincoln.

No sé si me toca hablar.

- Mira, me han sacado del cumpleaños de mi hija por un motivo muy concreto. Soy el poli bueno. El tío razonable. Y quiero que razones conmigo. No te acuerdas de mí, pero yo fui quien primero llegó a la escena. Tú estabas inconsciente, claro. Y desde que vi aquello supe que sería un caso jodido. Por suerte para mí, se encarga Homicidios. Pero necesitan que les cuentes lo que pasó para cerrar el caso bien y no hacerlo en falso. Lo entiendes?

Asiento. Me quita el cigarrillo, lo sacude en el cenicero y me lo vuelve a poner.

- Estamos hablando de la silla. Lo entiendes? El fiscal te acusará de homicidio con premeditación, alevosía y todo lo que se le ocurra.

Me mira. Intenta tensar el silencio. Ni siquiera pestañeo. Veo a Kenny. Encaja.

- Vale… cartas boca arriba. Al fin y al cabo, los dos sabemos de qué va esto. Te lo diré por las claras, la señora cobrar treinta millones. Del seguro. Y tú… tú vas a ir a la silla. Así de simple. De verdad no quieres hablar?

Encaja. Encaja, chico.

- Sólo quiero saber… quiero saber qué cojones puede mantenerte callado. Me ayudas?

Miro de nuevo su identificación. Le miro a él.

- Le ayudaré con un consejo. Vuelva al cumpleaños de su hija, George.

Lo leo en su rostro mientras se levanta. Se da por vencido. Y me tiene lástima. No debería. Golpea. Encaja. En eso reside todo.

Cuenta de diez y fuera. Este combate está perdido, Kenny. Lo siento.


Autor: Chema Tornero


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Knockdown - B-side de 15 años para aprender a tocar la armónica - 49.88 KB / Descargado 18 veces

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Definitivamente nada original. Sólo es una idea, que tengo que desarrollar porque esto es sólo embrionario. Tengo en la cabeza muchas variaciones menores posibles, así que las sugerencias son bienvenidas.

csh_15anosAsí empezaba el mensaje. Era el 17 de mayo de 2008. Eme me acababa de escribir, poniendo en claro su proyecto de La Taberna del Escocés. Habíamos hablado por encima de ello un mes antes, pero ahora las cosas empezaban a tomar forma, y quería relatos, quería historias. Después de esta escueta introducción venía la primera versión de Quince años para aprender a tocar la armónica.

Eme, que suele ser lacónico en sus correos, contestó con un escueto “Está de puta madre”. Pero, no lo estaba. De hecho, de aquel relato ha sobrevivido lo esencial: el hombre, la mujer, la armónica y el Glenfiddich. Casi todo lo demás ha cambiado.

Primero la idea de vincularlo con otros relatos parecía complicada, por las características de los personajes y por la trama en sí. La primera idea (de Eme y de Pat) fue adaptar el relato para que la mujer fuese Baby Blue (si no conocéis a Baby Blue, no os preocupéis, no tardaréis mucho en hacerlo…). Lo hice. Y no funcionó. Fue una lástima, porque me encantaba la idea. Sofía (la extraordinaria pluma detrás de Baby Blue) me echó un cable y, de hecho, algunas de las mejores frases de el relato son enteramente suyas, pero no fui capaz de hacer que aquello funcionara (dicho de otro modo, nunca pasó el exigente control de calidad de Kike).

Como suele suceder conmigo y mis cosas, hasta última hora no me puse a arreglar el desaguisado. A última hora quiere decir, concretamente, que la versión final del relato data de finales de enero… Y no hubiese sido posible si Reichel y Pat no hubiesen decidido tomar cartas en el asunto y cortar, añadir, retocar y reubicar hasta dejar el relato, esencialmente, tal y como está publicado. Desde luego, siendo un relato con el que nunca he estado contento, tengo que agradecerle el que me haya dado la posibilidad de colaborar con tres escritoras de tanto talento y paciencia (al menos conmigo).

Así que hasta aquí hemos llegado, casi dos años después. Creo que a Eme le sigue gustando. Y a mí me sigue pareciendo poco original, y sigo teniendo en la cabeza muchas variaciones posibles. Eso sí, el Glenfiddich no se toca.

Sólo faltaba.

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Quince años para aprender a tocar la armónica

Escrito por Chema el febrero - 8 - 2010

Cuando era joven, tenía sueños. Como todos, claro. Pero los míos casi los pude rozar. Primero soñaba con llegar lejos tocando la armónica. Se me daba bien. Pero lo dejé. Lo dejé por el boxeo, y por Rage Kenny. Él, la mayor leyenda que se ha subido a un ring, me enseñó a pelear. Pero, aún más importante, me enseñó que un hombre puede llegar adonde quiera, cuando cree lo suficiente en sus sueños.

Sin embargo la vida tenía otros planes para mí. Tuve que dejar el boxeo o el boxeo me dejo a mí. Terminé trabajando en la puerta en un pub del centro. Uno con clase. Nada que ver con esto. La verdad, hubiera preferido trabajar aquí. Claro que los sitios como éste no tienen gente en la puerta. En cualquier caso, era sólo un trabajo. Un trabajo de mierda, pero fácil. Mi mayor problema consistía en acompañar hasta la calle, amablemente, a algún cliente díscolo con problemas de autocontrol. Las posibles discrepancias con la política de admisión del local pasaban a un segundo plano ante mi presencia, con mi corpulencia no era necesario mostrarme siquiera vagamente amenazador.

Ella venía de vez en cuando, si había noche de blues. Podría decir que era preciosa o atractiva. Podría encontrar la más elocuente de las descripciones. Aún así ni siquiera me estaría acercando a la verdad.

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III - Robert S. Ghael

Escrito por Chema el enero - 6 - 2010

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El hombre tras la barra deja de revisar papeles, levanta la vista y escruta la silueta que se ha detenido en el umbral de la desierta taberna, recortada por el sol de media tarde.

Daniel MacGill: ¿Vas a pasar?

El hombre en la puerta parece dudar. Y parece incómodo dudando. Finalmente se decide, entra y se sienta en un taburete, frente al hombre tras la barra, que recoge los papeles que miraba. El recién llegado es de complexión fuerte, de unos cincuenta o sesenta años, piel curtida, pelo canoso y cortado al estilo militar. Viste un traje caro, de corte europeo.

Robert S. Ghael: Hola, Danny, maldito hijo de puta.

No sonríe. Parece sincero en su adjetivación.

D: Hola, Robert. Debes haber estado leyendo mucho. Tu vocabulario se ha resentido.
R: Te veo bien.

Danny se encoge de hombros.

D: Estoy bien. No puedo decir lo mismo de ti.
R: Eres muy amable.
D: Lo soy. Seguro que la sinceridad es algo a lo que no te tienen acostumbrados tus empleados.

Robert se queda pensativo por un segundo, dudando entre decir algo o no. Danny se agacha tras la barra y saca una botella polvorienta.

R: ¡¡¡No me jodas!!! ¿Eso es…?

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II - Marvin

Escrito por Chema el enero - 5 - 2010

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A veces no me acuerdo bien de las cosas. Por eso Danny no me deja atender la barra. Marv, me dice, Marv, me suele decir, la gente se cabrea si no recuerdas qué te ha pedido, hombre, entiéndelo. Yo lo entiendo. No es que me guste olvidarme de las cosas. Por suerte, Danny no se enfada conmigo. Él sabe que me cuesta acordarme. Y sabe que lo intento. Pero no me puede dejar atender la barra. No es que él no quiera. Es sólo que a veces no me acuerdo.

A veces no escucho. Casi siempre me doy cuenta porque dejo de oír a la banda y me vuelvo y les veo tocando. Pero no les oigo. Y entonces me duele la cabeza, como me dolía en el hospital. Y busco a Danny con la mirada, porque cuando me pasa eso siempre me dice que deje de recoger vasos y que deje de vaciar los cubos de la basura. Cuando te pase eso te sientas, Marv, me dice siempre. Lo que pasa es que no quiero ser una molestia. Porque él es bueno conmigo, y me da trabajo y me deja dormir arriba. Y yo no quiero fallarle, porque es bueno conmigo.

Otras veces me pasa que veo cosas raras. En mi buhardilla, Danny juntó para mí muchos periódicos antiguos que hablan de mí. De cuando era Marvin “The Marvel” McCoy, el chico de los puños de oro. Así me llamaban, el chico de los puños de oro. Entonces era más guapo y más delgado. Y a veces cuando me miro en mi espejo, veo a Marvin “The Marvel” McCoy. Y sé que no soy yo porque cuando me muevo el del espejo no se mueve. Se queda con la cara de las fotos. Me gustaría volver a ser guapo. Lo de ser delgado no me importa tanto. Me gustaría poder enseñarle los periódicos a alguien. Pero me miro en el espejo y me veo ahora, y ya no soy guapo. Tengo la nariz rota y cicatrices en la cara, de cuando la paliza y el hospital y eso. Me da un poco de vergüenza. Sólo los miro con Danny. A veces sube y se sienta conmigo y me lee las noticias que hablaban de mí.

Casi nunca hablo con los clientes. Cuando tengo que hablar con gente que no conozco me hago un lío y la gente se ríe. No porque se quieran burlar, supongo, sino porque debo ser gracioso, tan grande y tan torpe hablando. Pero una noche hablé con Aileen. Porque Aileen siempre está contenta y se pasa la noche hablando con el Escocés de esto y de aquello, de cosas que yo no entiendo bien. Pero esa noche, Aileen no hablaba y yo no sabía por qué y estaba preocupado porque Aileen me pone contento cuando se ríe, aunque yo no sepa por qué y por eso creo que siempre debería estar alegre. Y yo nunca le había hablado antes. Porque Aileen es demasiado guapa como para que yo le hable. Pero me acerqué y le dije ¿Qué te pasa, Aileen? Eso le dije, le dije ¿Qué te pasa, Aileen? Y ella me miró y yo vi que tenía los ojos tristes y me di cuenta entonces de que en realidad siempre los tiene tristes. Y me dijo No es nada, Marvin, he tenido un mal día en la oficina. Y entonces me acarició el pelo y me sonrió.

Algunas veces, cuando me acuesto por las mañanas, antes de dormirme, me acuerdo de Aileen, y de sus ojos tristes y de que me acarició el pelo. Y no sé por qué me acuerdo, porque la verdad es que yo suelo olvidarme de las cosas.


Autor: Chema Tornero


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II - Marvin - Segunda parte (de tres) de una historia. - 44.48 KB / Descargado 45 veces

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Cómo se hizo Aileen Star… la canción

Escrito por Chema el noviembre - 27 - 2009

Todo empezó con un riff. Nada complicado, uno sencillito A-A-F-G-A. Repetido hasta la saciedad en los 70 por gente como Lou Reed, Bowie o los T-Rex. Mezclado con un blues de 12 compases quedó algo peculiar. Me gustó y sabía que Eme andaba con los primeros temas de La Taberna, así que le dije “Eme, tengo un riff”, y se lo mandé. Y él, tras escucharlo (supongo…) me contestó “Eso no es un riff… eso es un tema”.

Coño, resulta que tengo un tema. Yo nunca había tenido un tema. O sí, yo qué sé. El caso es que ahora, Eme dixit, tenía un tema. Así que me puse a darle vueltas, mirando los relatos, a ver si alguno me inspiraba una letra. Y encontré el relato perfecto: Baby Blue. Como lo oís. Ya me imaginaba el riff, con un poco de distorsión, ilustrando la entrada de nuestra motera favorita en La Taberna. Ritmo Roadhouse Blues, bien de armónica,… perfecto.

Perfecto hasta que Eme me dijo que ya tenía tema para Baby Blue. Amosnomejodas. Pues sí. Y qué temazo… (esto lo digo yo, no lo dijo él). ¿Y ahora qué hago? Pues el propio Eme me propuso una solución: que intentara adaptarla para Aileen Star. Al principio debo decir que el trabajo me pareció que me venía un poco grande. Nunca había escrito una letra para una canción. Ni en español, ni en inglés, ni en ninguno de los otros doce idiomas que no domino. Y la historia de Aileen,… en fin, había que estar a la altura.

Sin embargo, resultó ser de lo más sencillo. Sólo tuve que leer el relato. Había tanta vida en Aileen que enseguida me encontré al otro lado de la barra, compartiendo su historia, hecha de decepción y orgullo. Y la letra simplemente surgió.

No es un temazo, ni es una letra de Leonard Cohen, pero estoy satisfecho con ella. Es mi primera canción, quería quedar contento conmigo mismo y así fue. Sobre todo desde que la banda la hizo suya, la agitó, la retorció y la dejó irreconocible. Irreconocible y mejor. Mucho mejor.

Al final, como os decía antes, nada complicado.


Autor: Chema Tornero


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Canción - Aileen Star

Escrito por Chema el noviembre - 23 - 2009

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Compositor: Chema Tornero
Grupo: Blue Identity
Año: 2009
Basada en el relato “Aileen Star“, escrito por Patricia Lodín.


Letra:

Aileen Star

One night she told me her name was Aileen
Long time ago she was a beauty queen
Now she isn’t
No, no, now she isn’t
She left her town and took the road to success
But all she found was a lesson to learn
It ain’t that easy
No, no, it ain’t that easy
She was so innocent, she was sixteen
You know the things should not have been like this
For Aileen
Sweet Aileen
Was gonna be a star…

She was an actress, but with just one part
Bedrooms and hotels were the stage of her art
She was the best one
Yeah, yeah, she was the best one
She must have played for anyone with a name
They were no match for her, she wasn’t ashamed
They couldn’t touch her
No, no they couldn’t touch her
But now she’s tired of saying goodbye to her dreams
You know the things should not have been like this
For Aileen
Sweet Aileen
Will never be a star…

She’s tired of nights measured out in tears
She found this man with a Selmer Mark Six
She dreams of leaving
Yeah, she dreams of leaving
She doesn’t care about his tell-tale cough
She wants to feel what’s like being in love
D’you think he’ll want me?
Yeah, d’you think he’ll want me?
She has the smile of girl first kissed
I hope for once things will not be like this
For Aileen
Sweet Aileen
Goodbye shooting star…

Aileen Star

Una noche me dijo que su nombre era Aileen,
debió haber sido una reina de la belleza,
pero ya no lo era,
no, ya no lo era.
Dejó su ciudad y tomó el camino del éxito,
pero todo lo que encontró fue una lección que tuvo que aprender,
no es tan fácil,
no, no es tan fácil.
Era tan inocente, sólo tenía dieciséis años,
las cosas no deberían haber ido así
para Aileen,
dulce Aileen,
ibas a ser una estrella…

Era una actriz de un solo papel,
dormitorios y habitaciones eran su escenario,
era la mejor,
sí, era la mejor.
Debe haber actuado ante cualquiera con un nombre,
no estaban a su altura, ella no se avergonzaba,
no podían tocarla (humillarla),
no, no podían tocarla.
Ahora está cansada de decir adiós a sus sueños,
las cosas no deberían haber ido así
para Aileen,
dulce Aileen,
nunca serás una estrella…

Está cansada de medir las noches en lágrimas,
ha conocido a un tipo con un Selmer Mark VI,
sueña con marcharse,
sí, sueña con marcharse.
No le importa su tos delatora,
quiere sentir cómo es estar enamorada,
crees que me querrá?
Crees que me querrá?
Tiene la sonrisa de una chica besada por primera vez,
espero que por esta vez las cosas no vayan igual
para Aileen,
dulce Aileen,
adiós estrella fugaz


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Cómo se hizo… La Señal Divina, el relato

Escrito por Chema el septiembre - 25 - 2009

ATENCIÓN: Este artículo ofrece información sobre el argumento de La Señal Divina. Te aconsejamos que leas primero el relato antes de continuar.


La Señal Divina consta de dos partes, claramente diferenciadas: la presentación de los personajes y el relato en sí. Como suele suceder, primero fue la segunda parte. Andaba yo por mi calle con mi MP3 sin meterme con nadie, cuando de repente empezaron a sonar The Housemartins. Era una canción, titulada The world’s on fire que los seguidores del grupo recordarán por un falsetto agudísimo e inacabable de Paul David Heaton, dándolo todo. Pero a mí me hizo pensar, porque hablaba de una iglesia que se quemaba como metáfora de la sociedad. El rollo marxista-cristiano de The Housemartins, ya sabéis… ¿Que no lo sabéis? Vale, tampoco os perdéis nada…

De ahí surgió todo: la idea de una iglesia que se quema me llevó a quién la quema y a por qué. Y la respuesta que constituye el relato me pareció la más razonable. Si ya habéis leído el texto, seguramente os preguntaréis qué tipo de razonamientos suele guiarme y cómo nadie se ha dado cuenta de lo perjudicado que estoy. No sé qué contestar a eso, la verdad.

Viñeta del cómic - La Señal Divina, por Jorge FuentesEl relato fue al baúl de las historias sin terminar y allí podría haberse quedado. Demasiado breve, demasiado absurda. Eso era mucho antes de que La Taberna abriera sus puertas. Y entonces llegó el proyecto, y con él el personaje de Geoffrey, salido de la fértil imaginación de Kike Castelló. En aquellos tiempos, al comienzo, la idea era que Geoffrey fuese un personaje fijo en todas las historias y que sirviese de vínculo entre los protagonistas. Sólo raramente (como en Rose, que fue de las primeras historias en escribirse) tendría un papel protagonista. Pero necesitaba una presentación. Necesitaba hacerse un hueco, sin caer tremendamente bien pero tampoco mal. Ésa fue la semilla de la historia (la partida de póker, el despido y el diálogo), en la cual mi único interés real fue dibujar al Geoffrey que Kike Castelló había imaginado. Lo último que escribí, como es normal, fue el título.

Como curiosidad os contaré que, ya escrito, el relato completo estuvo a punto de volver al baúl de las historias de donde había salido su última parte. De hecho, hubo cierta controversia de la que me mantuve apartado a la espera de que el resto de parroquianos decidiesen qué hacer con él. Finalmente se quedó y, aún más, se le concedió el extraordinario honor de abrir las puertas de La Taberna para vosotros.

Espero que os guste. Bueno, en realidad… me da lo mismo.


Autor: Chema Tornero

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Blue Identity en directo

Escrito por Chema el septiembre - 22 - 2009

tom por Scots Tavern

El primer concierto de una banda es un momento decisivo. Da igual cuánto hayas ensayado, da igual lo buenos que sean tus temas, o lo curradas que estén tus versiones. El público es otra cosa. El directo es otra cosa. Cuando lo que has creado se convierte en realidad por un instante, y luego pasa.

El pasado viernes 18 de septiembre se presentó en La Fídula (en la calle Huertas, en Madrid) Blue Identity, el proyecto musical creado por Eme Navarro en el contexto de La Taberna del Escocés. Y yo simplemente no podía perdérmelo. No era sólo cuestión de amistad. Era cuestión de música. Había escuchado los temas, les había visto ensayar. Si funcionaban en directo tal y como prometían los presagios, estábamos hablando de algo grande.

Mariana, Varian, Tom & Eme por Scots Tavern

El local pronto se quedó pequeño. Pequeño es una forma elegante de decirlo. Se llenó hasta extremos inconcebibles, y mucha gente se quedó fuera. Estaba claro desde el principio que el proyecto había despertado interés.

Kike Castelló ejerció de maestro de ceremonias y presentó el proyecto en sus distintas vertientes. Pero lo cierto es que el protagonismo absoluto fue de la banda. De la banda como un todo, porque lo cierto es que así es como sonaron. Sonaron redondos, sonaron conjuntados, sonaron sensacionales.

Y eso que, a nivel individual, brillaron a gran altura. Podría hablaros del momento “Moby Dick” de Mariana en Crossroads, del solo de bajo de Varian en Smoke Hidden Woman, haciendo fácil lo difícil (como de costumbre), de la fluidez creativa de Vali en Divine Sign, de la rotunda presencia de Tom o de su hipnótica introducción de Mr. Sax.

Vali & Eme por Scots Tavern

Pero lo importante, lo verdaderamente importante, es lo bien que suena el grupo y cuánto más es, en este caso, el todo que la suma de las (extraordinarias) partes.

Todo el material que interpretaron (once canciones en total) era original, perteneciente al proyecto de La Taberna. De nuevo, una muestra de fe en una forma de hacer las cosas muy concreta. Una apuesta por la creatividad, que pone al conjunto por encima de las individualidades.

Qué queréis que os diga, esta banda tiene algo. Llamadlo química, llamadlo feeling o llamadlo x (a mí me gusta x…). Es lo de menos. Lo importante es que es algo sumamente difícil de encontrar. Y que ellos lo saben y lo transmiten.


Texto: Chema Tornero,
Fotos:
Flora Navarro

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Prólogo - La Señal Divina

Escrito por Chema el septiembre - 21 - 2009

I

"Trece de los Grandes"

Trece de los grandes.

Trece de los grandes. Se dice pronto, pero nunca había sacado tanto en una timba de los Meazza. Y, por descontado, era muchísimo menos del total acumulado que me había dejado yo, en esa misma mesa, a lo largo de los últimos dos años. Pero, con todo y con eso, Giancarlo Meazza se vio en la obligación de cumplir con su deber cívico y hacerme saber, con muy buenas formas, que si asomaba el careto por la timba en los próximos tres meses debería someterme a una dieta estricta de batidos y analgésicos durante los siguientes seis. Sí, sí, está muy bien, pero ¿quién se lleva trece de los grandes en el bolsillo? ¿Tú, Giancarlo? Pues eso. Así se lo dije. Bueno, vale, así lo pensé.

La euforia suele ser mala consejera. A mí me aconsejó dejar el trabajo. El puto trabajo alienante, embrutecedor y humillante pero que, siendo honesto, me ha pagado durante los últimos tres años el alquiler, la bebida, un poco de compañía de vez en cuando, y sobre todo, las deudas de juego. Así que esperé pacientemente la filípica cotidiana de mi redactor jefe:

- ¿Qué significa esta mierda? ¿Para esto te pago? ¡¡Cualquiera puede escribir esta gilipollez!!

Papeles agitados, expresión iracunda,… la liturgia habitual. Así que disfruté cada segundo del cambio de guión.

- Hacemos una cosa. Lo escribes tú y te ahorras mi sueldo.
- ¿Qué?

La perplejidad le sentaba mal. Cuando desfruncía el ceño se le quedaba cara de gilipollas.

- Lo escribes tú y te ahorras mi sueldo. Me das tres meses, recojo mis cosas y me voy.
- Dos meses.
- Hecho.
- Mes y medio.
- Jefe…

Mis cosas cabían en mi maletín. Tres proyectos de novela, ninguna más allá de una trama endeble y algunos bosquejos de personajes. Y todo el material de oficina que pude arramblar. Que para eso le había pedido tres meses de sueldo, qué cojones.

Me sentí libre, libre y rico. Porque ser libre y pobre es una mierda. No tenía ingresos, pero sí trabajo. Por fin era escritor; un escritor sin historias y sin ideas. Pero escritor.

No tenía claro cómo empieza uno una vida nueva. La falta de costumbre, supongo. Pero recordé cuando, de pequeño, mi abuelo me llevaba de paseo al viejo puerto, a comprarme altramuces que luego nos comíamos en el espigón, tirando al mar las cáscaras. Eso fue antes de la guerra. Hacía años que no pasaba por aquel lugar, pero no parecía haber cambiado mucho. Aunque, obviamente, nadie iba ya a pasear ni se vendían altramuces. Y, para qué engañarme, el cuerpo no me pedía altramuces ni frutos secos ni nada parecido. Más bien me pedía cereales. De los fermentados.

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