4 de September de 2010

La Taberna del Escocés

Cultura Libre

Entradas escritas por el autor

Cómo se hizo Hugo “Insumergible” Williams

Escrito por Kike Castelló el agosto - 18 - 2010

csh_hugoAdvertencia: Este artículo contiene información relevante del relato Hugo “Insumergible” Williams.

Todos los días nos llegan muchísimas chorradas al correo electrónico y el último día de trabajo antes de irme de vacaciones no iba a ser diferente. En esa ocasión se trataba de una presentación sobre “los grandes misterios del mundo”, entre los que se encontraba uno que me llamó mucho la atención: el misterio del pasajero inmortal. A grandes rasgos se trata de que, con una diferencia de doscientos años, en tres hundimientos diferentes, aparece el mismo nombre en la lista de supervivientes: Hugh Williams.

Y con esas me fui de vacaciones.

En lugar de ir a montañas nevadas ese año me tocaba velero por el Mediterráneo (de verdad que suena mucho mejor de lo que es), y entre arriar velas y llevar la caña del timón, la idea del marinero Williams iba tomando forma. Si en lugar de darse en un periodo de doscientos años se diera en una sola vida, ser el único superviviente de tres hundimientos se podría considerar tener mucha suerte. Y sobre esa idea empecé a construir el relato, girando sobre la dualidad buena suerte / mala suerte. Lo que para uno puede ser buena suerte, puede no serlo para otros. Sobre todo si estás muerto.

Describir los hundimientos era mucho más sencillo. El primero, el barco de guerra, me parecía lógico. Situaba sutilmente la trama en un contexto histórico, aunque sin dar muchos datos. El nombre del buque, USS Sinsbee, existió de verdad y participó en la guerra, aunque nunca fue hundido y terminó sus días en la marina Argentina. El nombre del segundo barco, el Neptune, es una especie de homenaje a mi equipo de fútbol (y al dios del mar, claro), y el nombre del tercero, el Peisinoe, es una pequeña deformación del nombre de una de las sereias de la mitología griega, Pisinoe, un ser mitad pájaro y mitad mujer (hay que darle salida a esos conocimientos, ya que en una conversación normal es muy complicado meter el dato y, de momento, no tengo intención de ir a “Saber y ganar”).

La subtrama del armador, Charles Perkings III, vino después, para añadirle un aliciente más. Aunque, a la postre, sea la trama principal de la historia. Y, bueno, añade un personaje más al universo Tabernero y quizá tenga su relato más adelante. Lo cierto es que esta es la primera vez que escribo un relato sin tener muy claro cómo va a terminar. El final, por una vez, apareció al final, con ayuda de Chema Tornero y Patricia Lodín, que me recolocaron los capítulos para que la historia fuera más lógica y, sobre todo, para que el final, una vez elegido, fuera menos evidente (gracias, chicos).

El personaje de Hugo Williams cuadraba perfectamente con un ambiente de perdedores de la Taberna del Escocés, y usar a Geoffrey para contar la historia del marinero con mucha suerte es mi habitual recurso para contar una historia con las “licencias” que me permite este personaje. Siendo, además, una taberna portuaria, era necesaria la presencia de un marinero en algún relato. Por cierto… en un principio Hugo Williams no se iba a llamar Hugo, sino que iba a mantener el nombre original: Hugh Williams. Pero mi programa editor de textos tiene autocorrección y se empeñaba una y otra vez en cambiarme Hugh por Hugo y, cansado, lo terminé dejando.

Y esto es todo, amigos.

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El viejo Ray

Escrito por Kike Castelló el julio - 2 - 2010

I

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El Escocés servía copas detrás de la barra, la banda tocaba algo de blues y yo bebía el tercer o cuarto whisky. En resumen: otra noche más en la Taberna. Lo normal. Poco a poco, varios parroquianos habíamos formado corro cerca de la barra y, siendo la hora que era, estábamos en ese momento en el que el alcohol suelta las lenguas y las historias fluyen casi por si solas.

- Cuenta una historia, Geoffrey.- dijo alguien.
- Sí, sí. – insistieron los demás a coro.
- ¿Cuál?
- Cuenta otra vez la del viejo Ray.- dijo el instigador.

No me hice de rogar demasiado. Eché un trago, me aclaré la voz y comencé.

- El viejo Ray era un Hijo de Puta…

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El Trailer de Los Cuentos de La Taberna del Escocés

Escrito por Kike Castelló el junio - 20 - 2010

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Cómo se hizo Giancarlo… el relato

Escrito por Kike Castelló el junio - 10 - 2010

csh_giancarloQue el personaje de Giancarlo Meazza esté basado en El Padrino de Mario Puzo no debería sorprender a nadie. Digamos que El Padrino es lo que tenemos en mente cuando pensamos en La Mafia.

Lo que sí debería sorprender a muchos es que no esté basado en el personaje que interpreta Al Pacino, esto es, Michael Corleone, sino en Fredo Corleone, interpretado por John Cazale en la película. En la novela de Mario Puzo, para mí, Michael y Fredo son las dos caras de una misma moneda. En una, el hijo mayor, Fredo, quiere ser como su padre y dirigir la familia… sólo que no está capacitado para ello. En la otra, Michael, el hijo pequeño, no quiere, aunque tiene todos los atributos de su padre.

Para mí, Giancarlo Meazza es una fusión de los dos personajes, aunque predomina más Fredo. Es el pequeño de los Meazza, como lo es Michael de los Corleone, pero no tiene lo que hay que tener para ser gangster, pese a haberlo mamado desde pequeño. A diferencia de Fredo, sabe perfectamente que él no puede ser gangster y no quiere serlo, pero las circunstancias mandan y, como Michael, al final se convierte en el Padrino del clan de los Meazza.

También tiene un poco de Neil Perry, el aspirante a abogado que quería ser actor en la película El Club de los poetas muertos, interpretado por Robert Sean Leonard, el doctor Wilson en la serie House. Neil Perry es un personaje al que, por cierto, detesto… por idiota (hay que ser muy idiota para suicidarse, cuando podría haber terminado la carrera de abogado, darle un corte de manga a su padre y hacerse actor… coño).

Partiendo de esta base tan cinematográfica, el relato sale solo. O sea, tenemos a un tipo que no quiere ser gangster pero que lo tiene que ser por “tradición familiar” (Family Businnes, se titula la canción que Eme navarro ha compuesto para este relato, y que forma parte de la banda sonora de la película). ¿Qué pasaría en el día a día de un gangster que no quiere serlo? Pues que estaría lleno de remordimientos. Le añadimos un crimen que sabemos que ha cometido, o ha mandado cometer (el pobre Joe “dos bocas” flotando río abajo con nueve dedos menos en las manos), y le ponemos delante un barman con mucha habilidad para escuchar y más habilidad todavía para guardar el secreto. Y lo demás viene rodado.

El nombre de Giancarlo es por Giancarlo Fisichella, el piloto de fórmula uno, y Meazza por Giuseppe Meazza, el mítico jugador de la selección Italiana de fútbol, un guiño a mi amigo Piero, gran amante del deporte del balón pie, y que interpreta a Roben Sousa, el Consigliere de Giancarlo en la película.

Este relato lo escribí del tirón como un ejercicio, una prueba para ver si podía escribir en otros registros diferentes al humor. De eso hace como dos años y apenas ha sufrido modificaciones ni casi recortes de los editores (se cambió bombona de oxígeno por pulmón de acero, por ejemplo, por el consabido marco temporal). Lo que más me alucina es que aguanta bien el paso del tiempo y me sigue gustando como cuando lo escribí. Y eso que lo escribí sin la intención de incluirlo en Los Cuentos de La Taberna del Escocés. Sobre todo porque tiene una muy difícil adaptación al cómic, como se había pensado en un principio. Aunque Jorge Fornés ha hecho un excelente trabajo, como podréis ver en breve.

Giancarlo, como personaje, tiene para mí un aliciente más. En la película lo interpreta magistralmente Antonio Esquivias, actor de doblaje al que se conoce por dar vida al actor secundario Bob, en los Simpson; o a mi psiquiatra favorito Fraser Crane, del que soy absolutamente seguidor y fan desde hace muchos años. Así que, conocer a alguien a quien admiras desde hace mucho y que, además, interprete a un personaje creado por uno mismo, es toda una suerte.

¿Verdad?

Por cierto: en Italia hay un señor, al menos, que se llama Giancarlo Meazza. Pero cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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10 - Giancarlo

Escrito por Kike Castelló el junio - 7 - 2010

giancarlo1Parece que fue ayer… joder, si han pasado ya… ¿Cuántos? Diez años… coño… cómo pasa el tiempo. Todavía recuerdo cuando mi padre me hizo llamar. Estaba tumbado en la cama, como siempre desde que volvió del hospital. Le costaba respirar. Eso es lo que más recuerdo: su respiración entrecortada, ahogándose poco a poco. Cada bocanada, un triunfo. La habitación estaba toda en penumbra. Le molestaba la luz, decía. El pulmón de acero al lado de la cama, y la mascarilla del respirador tapándole casi toda la cara. Era la imagen misma de la muerte… joder, era como sentir que la mismísima muerte te observaba. Porque sólo se le veían los ojos, hundidos y apagados. Pero me miraba… como solía hacerlo él, creo que con desprecio. O con pena. No sé. Desde luego sin una pizca de admiración ni respeto… y…

Ponme otra, Escocés, de esa mierda que pones tú… ¿Por donde iba?

Sí… me dijo… Carlo… porque él me llamaba Carlo a secas… Carlo, me dijo con esa voz entrecortada, sólo un hilo de voz, un murmullo casi imperceptible, sé que no eres como tus hermanos. Eres débil, Carlo, débil. Y éste no es un mundo para débiles. Tengo esas palabras grabadas a fuego en mi memoria, Escocés. Éste no es mundo para débiles. Mi padre siguió hablándome, con ese hilo de voz que tenía ya al final. El cáncer lo estaba matando, poco a poco. Tienes que endurecerte, Carlo, me dijo, tienes que endurecerte o te comerán, Carlo. Te comerán. Te comerán. Te comerán… Me comerán.

Otra. Ponme otra, Escocés…

Joder… endurecerme, dijo. ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo se consigue que esta mierda no te afecte? ¿Cómo se consigue? Dime… ¿Cómo? Yo no quería dinero, Escocés. No quería esta mierda de vida. Esa casa enorme, el club, los coches… esa mujer que lo único que hace es pedir… yo no quería nada de esto, Escocés. Nada. Yo sólo quería vivir tranquilo: ser una persona normal y corriente. Con un trabajo aburrido, con una casita con su hipoteca, una mujer, unos niños gritones el fin de semana, sacar tiempo para plantar un jardincito… yo sólo quería vivir tranquilo con mis plantas. Con mis geranios. Esperar a que pasen los fríos del invierno y plantarlos. En ese hueco del jardín detrás del cobertizo. Ése es perfecto… le da el sol casi todo el día. Remover la tierra, echarle el fertilizante… ser un simple jardinero. ¿Sabías que es necesaria una tierra ligeramente ácida para que crezcan los geranios? No mucho, sólo un poco… y cuidarlos, regarlos todos los días…con mimo pero sin pasarse, porque demasiada humedad hace que les salgan hongos… eso es todo lo que quería, Escocés, unos putos geranios. Unos putos geranios… Yo sólo quería que mi padre me quisiera. Joder, yo sólo quería que me quisiera. Y que entendiera que yo no era como mis hermanos, que yo no valía para esto. Que entendiera que yo quería ser jardinero. Nada más que un puto jardinero… joder.

Ponme otra, Escocés. Las que hagan falta para olvidar…

Tengo que olvidar. Tengo… Intenté evadir mi mente, sacarla de aquel apestoso sótano y llevarla lejos, a un lugar agradable… a mi jardín. Mi mente quería estar en el jardín, con los geranios. Sentir el tacto de la azada en mis manos, ese olor de la tierra húmeda. Pero mi cuerpo estaba allí… y lo vi todo. No quería mirar. Joder, no quería… Tengo que borrar el recuerdo de ese chico. De esa sangre. Para sacarme sus gritos de dolor. Joder… lo hemos matado, Escocés. Lo hemos matado. Y no sabía nada, el pobre infeliz. Lo vi en sus ojos. No sabía nada y lo hemos machacado. ¿Cómo se borran de la memoria esas rodillas reventadas a mazazos? Dime, ¿cómo? ¿Cómo voy a dormir esta noche? Era una masa sanguinolenta… sólo carne… con la forma de una persona… joder, si era nada más que un chaval… ese chico… Joe “Dos bocas”… Nada más que un chaval. Y no sabía dónde estaba su amigo Billy. No lo sabía… y lo hemos matado. Todo por el honor de los Meazza, por mandar un mensaje: no se roba a los Meazza. No se nos roba.

Y la gente hará caso. ¿Por qué? Porque se me respeta. Todos me respetan… menos mi padre. Siempre he hecho lo que él quiso, he llevado esta mierda de vida por él… pero sé que me mira desde el infierno y me desprecia, Escocés… lo sé. Me desprecia.

Danny, yo sólo quería ser un simple jardinero…

Sólo quería…

Sólo eso.


Autor: Kike Castelló


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Hugo “Insumergible” Williams

Escrito por Kike Castelló el marzo - 22 - 2010

hugoMe conocen en La Taberna como Geoffrey Chaucer, “el escritor” y, quizá sea por la responsabilidad de llevar ese nombre, me siento como el cronista de lo que aquí ocurre. Tengo buenos oídos y una curiosidad enorme y, de una forma u otra, me suelo enterar de cuanto pasa entre estas viejas paredes. Aquí doy satisfacción a dos de mis grandes vicios: beber y escuchar.

Lo que saco como escritor no da para un sitio de más postín, tampoco para uno de menos… en realidad no da para nada. Y aquí, al menos, el Escocés me invita de vez en cuando.

A quien nadie invita nunca es a Hugo. Se suele sentar al fondo, en un rincón de La Taberna particularmente apartado. Sus más de seis pies de alto, sus ojos azules y su barba espesa son características menos llamativas que el vacío que siempre se forma a su alrededor. La razón de ese vacío es que Hugo Williams es un tipo con suerte. Con mucha suerte. Y ésa es, precisamente, su mayor desgracia.

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Casting para el primer corto de La Taberna

Escrito por Kike Castelló el marzo - 3 - 2010

castingEl primer cortometraje de Los Cuentos de La Taberna del Escocés está en marcha y a pleno rendimiento. Tenemos las localizaciones elegidas y el departamento de arte está ya trabajando en la adaptación a los años 50 de algunas de ellas. El departamento de infografía ha empezado con el modelado del puerto y los viejos almacenes que rodean a La Taberna. Cuando terminen, el Mar habrá llegado a Madrid. Blue Identity ha terminado casi la canción principal de la película y calienta motores para meterse con la banda sonora. Ya sólo nos queda algo igual de importante: Los actores.

Para ello, hoy y mañana, se ha preparado el cásting. Tenemos once personajes para seleccionar. Sin adelantar mucho de la trama, aparecerán algunos personajes muy conocidos por todos nosotros: El Escocés, Geoffrey, Giancarlo. Y hay otros nuevos con una historia curiosa detrás.

Han confirmado su presencia 50 acores para la prueba, aunque hay otros treinta que no han confirmado todavía. Más sorpresas de última hora: gente que se presente sin haber concertado cita.

Las pruebas son en la cervecería La fábrica, en la Plaza de los Cubos, en la calle Princesa, de 19:30 en adelante. Estaremos hoy miércoles y mañana jueves. Si crees que puedes encarnar a algún personaje de la Taberna, todavía estás a tiempo de intentarlo. Sólo hay que mandar unas fotos y un pequeño currículo a casting.lataberna@gmail.com. Quien sabe… lo mismo eres el nuevo Javier Bardem o la nueva Penélope Cruz.

Por cierto: para ir abriendo boca, en el blog de Jota Castelló (el director) hay un cortometraje con un trabajo anterior.

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Exposición de Lupe Sierra, arquitecta

Escrito por Kike Castelló el febrero - 18 - 2010

exposicion_lupeLupe Sierra es miembro del grupo Deletrearte y una de las diseñadoras que han colaborado en la creación de la camiseta de La Taberna del Escocés, concretamente con la viñeta correspondiente al relato Canción triste de George MacNab.

Pues nuestra Lupe Sierra, decía, inaugura este viernes una exposición con parte de su obra gráfica producida en los ejercicios de arquitectura a largo de la carrera en la ETSAM. Así que este viernes, sobre las 17:30, en la planta baja de la Fundación COAM, en la calle Barquillo 12, de Madrid, se inaugura la exposición. Tenéis más información en el enlace de la fundación.

¡Mucha suerte Lupe!

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Concurso Logotipo para La Taberna del Escocés

Escrito por Kike Castelló el febrero - 14 - 2010

cartel_se_buscaLa Taberna del Escocés ha decidido sacar a concurso el logotipo que figurará como imagen corporativa.

1. Podrá presentarse a concurso cualquier persona o equipo de personas.

2. Cada concursante, ya sea individual o colectivo, podrá enviar cuantos logos quiera.

3. El logotipo deberá expresar la idea de la Asociación La Taberna del Escocés y de su proyecto Los Cuentos de La Taberna del Escocés.

4. El formato para enviar a concurso es pdf, y el tamaño de 15×15 cm a 300 dpi, pero deberán tener preparado uno en formato Tiff, formato vectorial SVG o cualquier otro formato libre, pues es el formato que se le pedirá al logotipo que resulte ganador.

5. Los logotipos deberán ser en B&N, permitiéndose adjuntar también su versión a color.

6. Preferentemente, las imágenes deberán poder enmarcarse en un cuadrado.

7. El logotipo premiado pasará a ser propiedad de la Asociación.

8. La Taberna del Escocés es un proyecto devolucionista, por tanto el logo ganador no podrá estar sujeto a derechos patrimoniales de autor, aunque la autoría del mismo será siempre respetada.

9. Los concursantes enviarán el/los logotipos al email de La Taberna: latabernadelescoces@gmail.com hasta el 1 de marzo.

10. Los logotipos presentados a concurso se expondrán en facebook y la web y se votarán entre los visitantes de ambas páginas.

11. Un jurado compuesto por miembros de la Junta directiva de la Asociación La Taberna del Escocés y expertos del diseño, decidirá el logotipo ganador. El fallo, inapelable, será comunicado al ganador el día 7 de Marzo y publicado en la web un día después.

12. El jurado se reserva el derecho de declarar el concurso desierto. En ese caso la Asociación puede encargar un logotipo a un profesional.

13. La mera participación implica la plena aceptación de estas bases

14. El premio consiste en formar parte del proyecto de La Taberna del Escocés, la difusión de tu obra y en una pinta de cerveza.

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I - Aaron

Escrito por Kike Castelló el enero - 4 - 2010

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Aaron sudaba. Sudaba por la excitación. Siempre le ocurría cuando tenía que hacer un encargo. Sentía la boca seca y el corazón latiendo con fuerza. Las mismas sensaciones, los mismos movimientos. Con una mano temblorosa sacó la caja de cerillas del bolsillo y la sostuvo a un palmo de su nariz. Aunque no solía recordar de dónde sacaba las cajas de cerillas, siempre se quedaba ensimismado con las imágenes que se dibujaban en ellas. Esta vez un transatlántico, amarrado en un muelle. Brillante. Moderno. Francamente hermoso.

Al abrirla, el inconfundible y familiar olor a fósforo y madera inundó la pequeña estancia. Sacó una cerilla. A sus pies había una papelera con algunos trapos viejos, empapados en whisky. Arderían con facilidad y el fuego se extendería por las estanterías de madera seca. Las botellas de alcohol estallarían con el calor y avivarían las llamas. Las viejas vigas se vendrían abajo. Sería un accidente. El fuego se lo quedaría todo. Como siempre. Todo sería para él. Para el fuego.

El fuego. Desde que tenía memoria le había llamado la atención. Sentía que había algo especial entre ellos. Una especie de vínculo. Sentía como si el fuego le hablara. Y le dijera, con sus chasquidos, qué materiales ardían mejor o cómo tenía que colocar las cosas para que las llamas fueran más grandes o las brasas durasen más tiempo.

Sus padres no veían bien su inclinación por las cerillas y los papeles secos. Se las quitaban en cuanto las veían y en casa escaseaban los objetos inflamables. Pero, aún así, se las ingeniaba para hacer sus pequeñas hogueras en el patio de atrás con lo que escapaba al férreo control de sus padres. A cambio, recibía los severos castigos que le imponían por ello sin una queja. Al ver que eran incapaces de enderezar su comportamiento, le llevaron una tarde a hablar con el pastor de su congregación, para que éste le hiciera ver que el fuego era el reino de Satán y que era pecado andar quemando cosas en casa. Después de la charla no tuvo dudas; él ardería en el infierno para toda la eternidad.

Cuando dejó de interesarle el colegio, Aaron comenzó a vagabundear por los muelles y conoció a la gente que no debía . Aunque eso le proporcionó una manera de ganarse la vida. No honradamente, por supuesto; entró a formar parte de la plantilla de chicos para todo de Ghael. Mr. Robert S. Ghael tenía buen ojo para descubrir y aprovechar las habilidades ajenas. En realidad, eso era lo que le había convertido en el hombre que controlaba las apuestas ilegales. Y ahora, cuando buscaba nuevos campos en los que ejercer su influencia, supo ver en el talento de Aaron oportunidades que no iban a ser desaprovechadas.

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