
- Golpea. Encaja. Golpea. Encaja. En eso reside todo. Tómate tu medicina.
Rage Kenny sonríe. Sonríe como lo hace él, con la boca y con los ojos. Mi medicina es la receta casera de Kenny para recuperarte después de entrenar duro. Dos partes de agua, una de zumo de limón, un café cargado, tres cucharadas de azúcar y una pizca de sal. Está horrible, y me encanta. Como la sensación del sudor. Como el olor a goma y a magnesio.
- En el boxeo, en la vida. No dar nunca, nunca nunca, un combate por perdido es importante. Tener buena pegada es importante. Encajar como lo haces tú, que pareces un italiano, es importante. Un buen juego de piernas, muy importante. Pero lo más importante de todo, lo esencial, es saber cuándo golpear y cuándo encajar. Nunca ganarás una pelea simplemente golpeando. Ni simplemente encajando.
Intento grabar estas palabras en mi mente. Es Rage Kenny, campeón mundial de los pesados. Es mi ídolo. Es mi amigo.
- Es como la mierda esa de la armónica que tocabas tú, no? Soplar y aspirar. Todo se reduce a saber cuándo hacerlo.
- Bueno, Kenny, es un poco más complicado, verás, a veces tienes que aspirar llevando la lengua al paladar y…
- No me jodas, saco de mierda irlandesa. - Un pescozón cariñoso, que casi me corta la espiración.- No te pongas sutil conmigo. No es lo mismo un jab que un uppercut que un cross. Es que no estamos hablando de eso.
- Sí, Kenny.
- Tienes que entender esto, chico. Golpear. Encajar. El boxeo y la vida.
Sacudo los recuerdos y trato de acomodarme en la silla. Está difícil. Las esposas me cortan la circulación. Noto cómo me sangra una ceja. Ni que fuera la primera vez.
Se abre la puerta. Entra un policía, deja su identificación encima de la mesa. Miro la foto. Está sonriendo. Creo que es la primera vez que veo un poli sonriendo en su foto. Parece simpático. Se derrumba en la silla frente a mí. Parece cansado. Me enciende un cigarrillo y me lo pone en la boca. Parece legal.
- Veo que Lennox te ha interrogado ya. Me sorprende que sigas callado. Cuando Lennox interroga, el sospechoso confiesa hasta el asesinato de Lincoln.
No sé si me toca hablar.
- Mira, me han sacado del cumpleaños de mi hija por un motivo muy concreto. Soy el poli bueno. El tío razonable. Y quiero que razones conmigo. No te acuerdas de mí, pero yo fui quien primero llegó a la escena. Tú estabas inconsciente, claro. Y desde que vi aquello supe que sería un caso jodido. Por suerte para mí, se encarga Homicidios. Pero necesitan que les cuentes lo que pasó para cerrar el caso bien y no hacerlo en falso. Lo entiendes?
Asiento. Me quita el cigarrillo, lo sacude en el cenicero y me lo vuelve a poner.
- Estamos hablando de la silla. Lo entiendes? El fiscal te acusará de homicidio con premeditación, alevosía y todo lo que se le ocurra.
Me mira. Intenta tensar el silencio. Ni siquiera pestañeo. Veo a Kenny. Encaja.
- Vale… cartas boca arriba. Al fin y al cabo, los dos sabemos de qué va esto. Te lo diré por las claras, la señora cobrar treinta millones. Del seguro. Y tú… tú vas a ir a la silla. Así de simple. De verdad no quieres hablar?
Encaja. Encaja, chico.
- Sólo quiero saber… quiero saber qué cojones puede mantenerte callado. Me ayudas?
Miro de nuevo su identificación. Le miro a él.
- Le ayudaré con un consejo. Vuelva al cumpleaños de su hija, George.
Lo leo en su rostro mientras se levanta. Se da por vencido. Y me tiene lástima. No debería. Golpea. Encaja. En eso reside todo.
Cuenta de diez y fuera. Este combate está perdido, Kenny. Lo siento.
Autor: Chema Tornero
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El Escocés dejó por un momento de barrer el suelo y miró la hora en el pequeño reloj en forma de botella de lo alto del estante. Aunque era temprano, era ya hora de cerrar. Sólo había dos días en el año en que cerraba tan temprano: el 8 de mayo y el 24 de diciembre. Fuera estaba nevando copiosamente y hacía un frío polar. De hecho, él había estado en el polo, en los dos, y que le llevaran los demonios si hacía tanto frío allí.
Sabes, cuando la gente me conoce siente curiosidad por saber todo aquello que yo trato de olvidar. Algunas veces es sencillo. Cuando es rutina, cuando es monótono, cuando es lo de siempre. Se graban a fuego los momentos que de una forma o de otra se alejan de lo corriente. Y puesto que haga lo que haga esos momentos no se van a olvidar, te voy a contar hoy uno de ellos.






