Esta noche, a eso de las dos de la madrugada, después de todo el proceso de decoración, de tápame esos espejos de aquí y quita esa tele de plasma de allí, se escuchará el primer “¡¡Silencio… se rueda!!” de la historia de La Taberna del Escocés. Y las más de sesenta personas que forman el equipo, entre técnicos, actores y figurantes, guardarán silencio (por la cuenta que les trae).
Ya no se escuchará el típico sonido de la cámara de cine grabando, entre otras cosas porque en la era digital, la cámara de Alta Definición no hace ruido. Pero como si se escuchase. Y algunas otras cosas serán diferentes. Pero lo esencial estará allí: la historia. Y las ganas de ponerla en marcha.
Empezaremos por la escena más complicada de toda la película… más de 19 planos que intentarán transmitir el ambiente de la taberna, con sus parroquianos y habituales, entre los que destacan Geoffrey Chaucer o el mismísimo Giancarlo Meazza. Aunque, eso sí, con una diferencia notable: ahora tienen vida propia.
La historia que se cuenta en la película tiene lugar, más o menos, entre la inundación de la bodega y la llegada de la camarera despampanante a la Taberna del Escocés. Algo así como un inserto en la primera parte del relato de Rose.
Después de toda la noche grabando, con los más que seguros nervios porque las cosas salen de forma diferente a lo planeado (lo que viene a ser un rodaje normal y corriente), todavía nos quedará otra jornada más en esa misma localización. La diferencia es que, esa noche, además de rodaje, habrá un concierto de Blue Indetity.
El concierto, al igual que el rodaje, tendrá lugar en el bar Black Corner, de Pinto (C/ Pablo Picasso, 10)[mapa], el sábado 17 a las 12:00 de la noche. Y, entre otras, se interpretará la canción de la película. Una primicia a nivel internacional.
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