Parece que fue ayer… joder, si han pasado ya… ¿Cuántos? Diez años… coño… cómo pasa el tiempo. Todavía recuerdo cuando mi padre me hizo llamar. Estaba tumbado en la cama, como siempre desde que volvió del hospital. Le costaba respirar. Eso es lo que más recuerdo: su respiración entrecortada, ahogándose poco a poco. Cada bocanada, un triunfo. La habitación estaba toda en penumbra. Le molestaba la luz, decía. El pulmón de acero al lado de la cama, y la mascarilla del respirador tapándole casi toda la cara. Era la imagen misma de la muerte… joder, era como sentir que la mismísima muerte te observaba. Porque sólo se le veían los ojos, hundidos y apagados. Pero me miraba… como solía hacerlo él, creo que con desprecio. O con pena. No sé. Desde luego sin una pizca de admiración ni respeto… y…
Ponme otra, Escocés, de esa mierda que pones tú… ¿Por donde iba?
Sí… me dijo… Carlo… porque él me llamaba Carlo a secas… Carlo, me dijo con esa voz entrecortada, sólo un hilo de voz, un murmullo casi imperceptible, sé que no eres como tus hermanos. Eres débil, Carlo, débil. Y éste no es un mundo para débiles. Tengo esas palabras grabadas a fuego en mi memoria, Escocés. Éste no es mundo para débiles. Mi padre siguió hablándome, con ese hilo de voz que tenía ya al final. El cáncer lo estaba matando, poco a poco. Tienes que endurecerte, Carlo, me dijo, tienes que endurecerte o te comerán, Carlo. Te comerán. Te comerán. Te comerán… Me comerán.
Otra. Ponme otra, Escocés…
Joder… endurecerme, dijo. ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo se consigue que esta mierda no te afecte? ¿Cómo se consigue? Dime… ¿Cómo? Yo no quería dinero, Escocés. No quería esta mierda de vida. Esa casa enorme, el club, los coches… esa mujer que lo único que hace es pedir… yo no quería nada de esto, Escocés. Nada. Yo sólo quería vivir tranquilo: ser una persona normal y corriente. Con un trabajo aburrido, con una casita con su hipoteca, una mujer, unos niños gritones el fin de semana, sacar tiempo para plantar un jardincito… yo sólo quería vivir tranquilo con mis plantas. Con mis geranios. Esperar a que pasen los fríos del invierno y plantarlos. En ese hueco del jardín detrás del cobertizo. Ése es perfecto… le da el sol casi todo el día. Remover la tierra, echarle el fertilizante… ser un simple jardinero. ¿Sabías que es necesaria una tierra ligeramente ácida para que crezcan los geranios? No mucho, sólo un poco… y cuidarlos, regarlos todos los días…con mimo pero sin pasarse, porque demasiada humedad hace que les salgan hongos… eso es todo lo que quería, Escocés, unos putos geranios. Unos putos geranios… Yo sólo quería que mi padre me quisiera. Joder, yo sólo quería que me quisiera. Y que entendiera que yo no era como mis hermanos, que yo no valía para esto. Que entendiera que yo quería ser jardinero. Nada más que un puto jardinero… joder.
Ponme otra, Escocés. Las que hagan falta para olvidar…
Tengo que olvidar. Tengo… Intenté evadir mi mente, sacarla de aquel apestoso sótano y llevarla lejos, a un lugar agradable… a mi jardín. Mi mente quería estar en el jardín, con los geranios. Sentir el tacto de la azada en mis manos, ese olor de la tierra húmeda. Pero mi cuerpo estaba allí… y lo vi todo. No quería mirar. Joder, no quería… Tengo que borrar el recuerdo de ese chico. De esa sangre. Para sacarme sus gritos de dolor. Joder… lo hemos matado, Escocés. Lo hemos matado. Y no sabía nada, el pobre infeliz. Lo vi en sus ojos. No sabía nada y lo hemos machacado. ¿Cómo se borran de la memoria esas rodillas reventadas a mazazos? Dime, ¿cómo? ¿Cómo voy a dormir esta noche? Era una masa sanguinolenta… sólo carne… con la forma de una persona… joder, si era nada más que un chaval… ese chico… Joe “Dos bocas”… Nada más que un chaval. Y no sabía dónde estaba su amigo Billy. No lo sabía… y lo hemos matado. Todo por el honor de los Meazza, por mandar un mensaje: no se roba a los Meazza. No se nos roba.
Y la gente hará caso. ¿Por qué? Porque se me respeta. Todos me respetan… menos mi padre. Siempre he hecho lo que él quiso, he llevado esta mierda de vida por él… pero sé que me mira desde el infierno y me desprecia, Escocés… lo sé. Me desprecia.
Danny, yo sólo quería ser un simple jardinero…
Sólo quería…
Sólo eso.
Autor: Kike Castelló
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